Peña Nieto crea un sistema de búsqueda de desaparecidos a 53 días de dejar el cargo

Redacción / El País

En el día internacional de víctimas de desapariciones forzadas, familiares recordaron al Presidente Enrique Peña Nieto, que su administración fue indolente ante los casos. Foto: Paola Ramos / Cencos

37.485 personas. De ese tamaño es la crisis de los desaparecidos en México. “Y seguramente el número es más grande”, ha admitido este martes el secretario de Gobernación (ministro del Interior) Alfonso Navarrete Prida en la presentación del nuevo Sistema Nacional de Búsqueda de Personas (SNBP). El intento más ambicioso para encontrar a quienes fueron retenidos sin dejar ningún rastro, para poner cara a miles y miles de expedientes, para dar respuesta definitiva y justicia a los denunciantes se produce cinco años después del caso Heavens, cuatro años después de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, seis meses después de que tres estudiantes de cine en Jalisco fueran secuestrados y disueltos en ácido. Y dos meses antes de que concluya el Gobierno de Enrique Peña Nieto.

“Después de meses y meses de vigencia de la ley, a 50 días de que se vaya este Gobierno, quieren hacer un acto de simulación, como que están haciendo cosas para atender el problema de las desapariciones”, critica en entrevista Alejandro Encinas, próximo subsecretario de Derechos Humanos en el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. “No se resuelve el problema de fondo, no se han definido los protocolos nacionales ni los acuerdos con los Estados ni los recursos para hacerlo”, agrega Encinas: “Llega demasiado tarde”.

“Es un paso fundamental para la búsqueda de personas, pese a que hubo retrasos importantes”, señala Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano, una de la organizaciones civiles que participó en la creación del SNBP.

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Hay cinco mil 930 cuerpos sin identificar; datos de fiscalías y semefos

Redacción / Excélsior

Foto: Especial

En las morgues y fosas comunes de los estados hay cinco mil 930 cuerpos sin identificar, algunos de los cuales suman hasta 5 años a disposición del Ministerio Público.

Durango es una de las entidades con más cadáveres en esta condición al tener 530 en la fosa común, de acuerdo con la fiscal Ruth Medina Alemán.

En Jalisco se acumulan más de 400 cuerpos, de los cuales se habían identificado 43 al finalizar septiembre. Entre ellos está Jonathan, un niño de 7 años que falleció en el Hospital Civil en 2006, pero como sus padres no tenían dinero para sepultarlo, lo dejaron en la morgue.

También están dos estadunidenses que murieron en Chapala y nadie los reclamó. Tras el escándalo de los dos tráileres con cadáveres, se contabilizaron 444 cuerpos no identificados en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

En los forenses de Acapulco, Chilpancingo e Iguala hay 606 cuerpos sin reclamar y el más antiguo data de 2012. En el Estado de México el número de cadáveres sin identificar es de tres mil 275, de acuerdo con el fiscal estatal, Alejandro Jaime Gómez Sánchez.

La entidad con la menor cantidad de cuerpos no identificados es Yucatán, con seis.

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Cientos de parientes de desaparecidos llegan a Jalisco en busca de respuestas

Redacción / La Jornada

Foto tomada de Proceso

Guadalajara, Jal., Familiares de personas desaparecidas abarrotaron las dos sedes dispuestas por las autoridades de Jalisco para la toma de muestras de ADN que, esperan, sirvan para identificar a alguno de los cientos de cuerpos no reclamados que permanecen en la caja de un camión que viajó por tres municipios.

Durante tres días, a partir del viernes pasado, los peritos apenas se han dado abasto ante el alto número de personas que, al enterarse de la noticia de una caja refrigerada con 273 cadáveres apilados por falta de cupo en la morgue, llegaron de otros puntos de México.

Entre el viernes y el domingo se tomaron al menos 800 muestras genéticas en dos clínicas, en esta ciudad y en el municipio de Tlajomulco, según información de la Fiscalía General del Estado (FGE).

La Policía Federal, cuyos especialistas fueron requeridos para realizar el muestreo, informó que el objetivo es ingresar los perfiles de ADN a un banco de datos nacional donde se hacen comparaciones con los registros existentes.

Destacó que ha habido varias coincidencias y que se ha notificado a los familiares y a la fiscalía.

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Se cumplen seis años de la desaparición de Fernanda Rubí; su madre acusa que nunca se hizo una búsqueda real de ella

Marcela Méndez/Cencos

“Yo, Araceli, madre de Fernanda Rubí, a seis años de que no está con nosotros: en estos años he buscado en vida, muerte y fosas clandestinas, es un dolor que lacera mi corazón de madre por no encontrarla; me mataron en vida porque no vivo, sobrevivo a la ausencia de ella y tengo que seguir adelante porque sigue esperando que la encuentre”.

Éste es el mensaje que publica en redes Araceli Salcedo, coordinadora del Colectivo de familias de desaparecidos Córdoba-Orizaba, a seis años de que su hija, de entonces 21 años, fuera extraída de un bar en Orizaba, Veracruz, y posteriormente desaparecida la noche del 7 de septiembre de 2012.

A lo largo de estos años Araceli se ha enfrentado a la falta de respuesta por parte de las autoridades ante la desaparición no sólo de su hija, sino de cientos de personas que hasta el día de hoy permanecen en calidad de desaparecidas.

Hace algunas semanas, Araceli recordó cómo empezó este viacrucis para ella y su familia, en el que autoridades estatales y federales han propiciado un peregrinar de institución en institución, sin que hasta el día de hoy arroje respuestas sobre el paradero de Rubí.

La última vez que Araceli habló con su hija fue por teléfono, aquel 7 de septiembre de 2012,  exactamente a las 22:30; la joven había llegado al lugar donde se reuniría con sus amigas y llamaba a Araceli para avisarle. “No tardo, mami”, le dijo en ese momento.

Araceli recuerda que cuando su hija quería colgarle pero no de forma grosera, le decía: “¿Qué crees, mami? ¿Sabes que te amo? Te amo, te amo, te amo”. Eso mismo le dijo esa noche; le mandó besos y colgó. 15 minutos después Rubí fue extraída del bar por un grupo de hombres y cerca de las 11:30, sin saber lo que estaba pasando, Araceli recibió llamadads en las que sólo se escuchaba bullicio, las risas y los murmullos de hombres.

“En un principio lo único que yo hacía era contestar ‘¿bueno, bueno?’, y colgaba. Pero al ser recurrentes las llamadas empecé a marcarle a mi hija. Del teléfono de mi hija ya no, me mandaba directamente a buzón”, recuerda Araceli.

Araceli continuó llamando, y en la madrugada del día siguiente le respondieron por primera vez. “Fue la voz de un hombre, entre drogado, borracho, como yo lo escuchaba”. Hubo un par de llamadas más: “me contesta él nuevamente; su nombre me lo dice altanero, grosero… yo decía ‘negrita, ¿estás ahí?’”.

Fue en ese momento que Araceli supo que algo había pasado. Lo confirmó cuando su hijo encontró en el cuarto de su hermana su segundo teléfono, en el que había mensajes de una de sus amigas, preguntándole qué había pasado, pues a ella le dijeron que sacaron a Rubí del lugar.

“Mi hijo bajó con su carita desencajada, con el teléfono en la mano. Lo único que hizo fue verme a los ojos y decirme: ‘mami, algo le pasó a la huerca’”.

Araceli fue al bar y lo que escuchó del dueño fue “ah, sí, era una chica muy bonita; venía toda de rosa y estaba sentada en ese lugar, pero no pudimos ayudarla”.

Araceli denuncia que las investigaciones posteriormente arrojaron quién era el hombre al teléfono, y que las autoridades nunca hicieron nada contra él, no sólo en el caso de su hija, sino en otros, ya que él ha estado en seguimiento por varios delitos, en instancias federales. También acusa que el teléfono de Rubí nunca fue rastreado, y que desde el primer momento en que acudió a las autoridades éstas fueron omisas al ayudarle en la búsqueda.

“En ese momento no sabía qué se tenía que hacer. Llego a la comandancia de policía, está muy cerquita de donde se llevaron a mi hija, y lo primero que me dijeron fue ‘ay, señora, de seguro anda de fiesta o se fue con un novio, al rato ha de llegar’”, esto a pesar de que Araceli explicó lo que sucedió con las múltiples llamadas.

“Nunca se hizo una búsqueda real de mi hija, nunca se hicieron las diligencias correspondientes, me fueron negadas las sábanas de llamadas, los videos de la C4, los videos del lugar donde se llevaron a mi hija”, asegura.

Recuerda que ella siguió insistiendo con las llamadas al teléfono de Rubí y que cerca del mediodía del sábado, volvieron a contestarle. “No voy a olvidar su voz, porque era una voz gruesa, que me dio miedo; me desesperé y le dije: ‘¿por qué tienes el teléfono de mi hija?’, me decía con muchas groserías ‘aquí no está ninguna Rubí’, me empezó a insultar y colgó. Jamás me volvieron a contestar ese teléfono”.

Araceli acudió a la procuraduría estatal, a la PGR, a la Unidad Especializada en Combate al Secuestro (UECS), a la Agencia Veracruzana de Investigaciones (AVI); habló con diferentes funcionarios de todas esas instancias. “¿Qué hicieron? Nada, nada”. Asegura que para ella es claro que lo que menos les interesa a las autoridades son los hijos que están buscando.

No sólo eso, las mismas autoridades llegaron a obstaculizar la búsqueda de Rubí desde el primer momento. “Yo repartía flyers y andaba pegando fotos de mi hija, y la policía iba literal detrás de mí y quitándomelos; ellos me los arrancaban, eran indolentes conmigo… me los rompían”.

En otro momento, cuando Araceli empezó a recibir amenazas por teléfono y lo contó a autoridades, éstas le dijeron “pues es que ya los hizo enojar, yo le dije que no hiciera eso”.

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A raíz de la desaparición de Rubí, en Orizaba, otras familias comenzaron a unirse con Araceli en su exigencia de justicia. Buscan en muerte y en vida, exigen, se apoyan, y luchan contra la indiferencia de las autoridades, pero cientos de familias –incluida la de Araceli– continúan sin saber dónde están sus seres queridos.

En estos seis años Araceli no sólo ha acompañado a otras familias, sino que ha sido una parte importante para la localización de personas desaparecidas.

“Tuvimos que aprender a buscar… yo me negaba; en 2014, cuando se empezó a hablar de búsqueda en fosas yo decía ‘no, yo no quiero hacer eso, no quiero encontrar a Rubí ahí, es lo que menos quiero’, porque te la imaginas saliendo de tu casa, te la imaginas entera caminando, con esa sonrisa, con ese andar, con esa esencia, y lo que tú quieres es volver a verla así. Yo quiero volver a ver a mi hija, volver a abrazarla, escucharla, olerla”, dice.

Araceli también habla de las veces que han encontrado a personas con vida: “en ese momento se te llena el corazón de una esperanza enorme, cuando ves que se abrazan madre e hija o madre e hijo; tú quisieras estar en ese momento así, quisieras que fuera tu hija, tu hijo el que buscas”.

A pesar del desánimo que a veces pueda sentir, Araceli cuenta que sus días están dedicados a buscar a Rubí. “Me lo he puesto con mi hija, le digo: este es un día más por ti, Rubí, y lo empiezo con la esperanza, con la fe de que algo voy a avanzar, de que algo voy a saber; y si termino mi día mal, lo único que hago es: me persigno (y le digo) “buenas noches y mañana será un día más por ti’”.

También piensa que de haber recibido el apoyo adecuado de las autoridades, y que si en ese momento en que Rubí fue desaparecida, alguien hubiese estado empoderada o hubiese sabido de la situación por la que pasaba, quizá su historia y la de Rubí sería diferente.

“A lo mejor si alguien nos hubiese ayudado en ese momento, pues, tuviéramos a nuestros hijos, a nuestras hijas con nosotros, pero desafortunadamente no fue así. Hemos vivido un camino muy largo, un camino de dolor, de impotencia, de soledad”.

“Me he enfrentado a muchas cosas, me he enfrentado a un hostigamiento, a una amenaza, a una persecución, y no sólo por parte de la autoridad, sino también por parte de la delincuencia. Creo que lo único que hacemos es buscar, buscar a nuestros hijos, querer coadyuvar con una autoridad para encontrar verdad… no soy criminal como muchas autoridades me han llamado… lo hago por amor y por el recuerdo, y porque Rubí me puso en este lugar y yo sé que en el ayudar alguien también me va a ayudar a mí a recuperarla a ella”.

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Este año, el recuerdo de la última vez que Araceli vio a su hija se enmarca en el anuncio que la tarde de ayer hizo la Fiscalía General del Estado de Veracruz: a principios de agosto fue localizada, por medio de un testimonio, una fosa clandestina con 32 puntos de búsqueda, en los que han sido hallados los restos de al menos 166 personas, más de 200 prendas, 114 identificaciones y objetos personales. De acuerdo con la misma fiscalía, estas inhumaciones clandestinas tienen por lo menos dos años de antigüedad.

Antes de el anuncio en medios, los colectivos de familiares de desaparecidos en ese estado no tenían información sobre el hallazgo y avance en los procesos de recuperación de los cuerpos. La fiscalía estatal argumentó que por seguridad no se informó a los colectivos, pero que a las 17:00 de este viernes pondrá a disposición de las familias un catálogo fotográfico con los hallazgos.

Sin embargo, el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México aseguró que no haber notificado a los familiares de personas desaparecidas viola el derecho a la participación conjunta que establece la Ley General en Materia de Desaparición, y exigió al gobierno de Veracruz garantizar la participación de los familiares y una amplia comunicación en las acciones de búsqueda, investigación e identificación.

La reacción de Araceli –que recoge El Heraldo de Martínez– enseña lo que seguramente cientos de familiares sintieron al conocer la noticia: “no nos imaginamos que puedan estar nuestras hijas, nuestros hijos… quisiera salir corriendo y ver las ropas y lo que han encontrado… tengo el estómago apretujado de dolor”. También dijo que madres y padres están en espera de los catálogos, y que han hecho la petición de acceder al lugar.

En su publicación en redes, Araceli también escribió a propósito de la misa que organiza cada año para mantener vivo el recuerdo de Rubí y para pedir que vuelva:

“Acompáñame y juntos pidamos por su pronto regreso a casa, y al lado de su familia, de donde nunca la debieron separar”.

Y termina: “porque la lucha por un hijo no termina y una madre nunca olvida”.

Familiares reclaman indolencia de Peña ante desapariciones; piden justicia.

Paola Ramos / Cencos

En el día internacional de víctimas de desapariciones forzadas, familiares recordaron al Presidente Enrique Peña Nieto, que su administración fue indolente ante los casos. Foto: Emiliano Pensamiento / Cencos

Antes del mediodía de este 30 de agosto, cuando el sol casi llegaba a su punto, siluetas de cartón de personas sin rostro fueron colocadas en el Monumento a Cuauhtémoc, en la capital del país. Padres, hermanos, hijos y amigos las llevaron ahí en representación de quienes aman: personas que un día salieron de casa y no volvieron más. Desaparecieron.

Es el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada.

La conmemoración ha reunido a decenas de familiares y organizaciones sociales para recordar a la administración peñista, ya cerca de su fin, que ellos continúan vigilantes, exigentes, heridos; pues todos, algunos más tiempo que otros, han buscado incesantemente saber algo de sus seres queridos. Hay quienes han enterrado sus uñas en la tierra para encontrar, de menos, una pista o un hueso que les lleve a quien quieren.

“Vivo o muerto lo queremos”, decía uno de los muchos letreros elaborados por los familiares, que pendía de una de las siluetas color negro. 

Al mes de abril de este 2018, el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED) reportó 37 mil 435 personas no localizadas, de las cuales no existe claridad sobre cuántas corresponden a personas no localizadas, cuántas a extraviadas, a desaparecidas o a víctimas de desaparición forzada. 

Pero para los familiares que se reunieron este agosto bajo un ardiente sol no hay distinción: el común es la ausencia, la espera, la incertidumbre sobre el destino de los suyos y la respuesta deficiente -si es que se las dio- de un Estado que no les ha garantizado su presentación con vida. Por eso se pronuncian una vez más.

“Este día es, por una parte, un momento para recordar solemnemente y solidarizarnos con quienes han sido víctimas de esta práctica ignominiosa, contraria a la dignidad humana y que implica la negación absoluta de todos los Derechos Humanos; pero también es una fecha que confronta y que cuestiona”, dijo ante los asistentes Ismael Eslava, primer visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

“Confronta, porque el tiempo sigue pasando y todavía no se han generado las condiciones adecuadas para dar la debida atención a esta problemática, lo cual refleja, en los hechos, falta de interés y voluntad de diversas autoridades de los distintos órdenes de gobierno para atender los legítimos reclamos de las víctimas y de la sociedad para que la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición lleguen a todos los casos”.

La voz de Eslava reflejaba indignación. Terminado su mensaje, Yolanda Morán, integrante del Movimiento por Nuestros Desaparecidos y quien desde hace una década busca a Dan Jeremeel, su hijo, realizó el pase de lista de hombres, jóvenes y mujeres de quienes aún no se sabe nada. 

“Daniela Mabel Sánchez Curiel”, gritaba al micrófono Yolanda. “¡Presente!”, respondían todos. “Benjamín Ulises Medina Orozco… Ángel Gabriel Tobón… Abril Selene Calvillo Rodríguez… Juan Serafín Hernández… Cristóbal Jiménez Granados… Lizbeth Hernández Cervantes… Gonzalo Garduño Núñez…”

Al micrófono, Ismael Eslava, primer visitador de la CNDH. Foto: Paola Ramos / Cencos

La lista es interminable y hiere a familias en todos los rincones del país. Las más, en Tamaulipas, con 6 mil 131 víctimas, seguidas de las originarias del Estado de México, con 3 mil 918 casos; Jalisco, con 3 mil 362 casos; Sinaloa, con 3 mil 27 casos y Nuevo León, con 2 mil 895. 

Estos se encuentran entre los 36 mil 265 casos del fuero común, es decir, responsabilidad de instancias de justicia estatales. En lo que respecta al fuero federal, cuya investigación se realiza desde la Procuraduría General de la República (PGR) se trata de mil 170 casos.

En repetidas ocasiones familiares han insistido con que sus desaparecidos no son cifras. Son personas con rostros, sueños, futuro y familias. Este jueves lo hacen una vez más de forma simultánea en al menos una decena de entidades del país, con eventos como el que se realiza sobre el emblemático Paseo de la Reforma.

“Hemos encontrado miles y miles de restos, que para nosotros son tesoros que estamos sacando de debajo de la tierra (….) Pero tenemos que obligar al gobierno a que le dé identidad a esos restos que estamos sacando”, dijo durante su intervención María Herrera Magdaleno, mamá de cuatro desaparecidos y fundadora de Familiares en Búsqueda María Herrera A.C.

“Se necesita la buena voluntad, se necesita poner todo el corazón y todas las estrategias que ellos tengan a su alcance (…) no es justo que más bien la gente de la sociedad esté haciendo este trabajo”, reprochó.

El sol no cesaba. Las siluetas negras se duplicaban al hacer sombra.

Uno tras otro se pronunciabna por los suyos y en cada voz había rabia, por un Estado indolente; fuerza, por una búsqueda incesante; esperanza, por un ser al que esperan;  y dolor, que nunca se irá hasta dar con su paradero.

“El mismo dolor saca el coraje, entonces eso es lo que nos tiene aquí (…) la única forma de sentirse menos mal por no tener una parte de su vida es justamente el salir a expresar ese dolor, esa indignación y convertirlo en lucha”, sostuvo Grace Fernández, de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México, hija de Yolanda Morán y hermana de Dan Jeremeel.

“Se les olvida que buscamos a personas que tienen familias que los aman y eso es los que nos mantiene con la esperanza de encontrarlos un día… con vida… pero si Dios decide que sea otra cosa lo importante es encontrarlos, castigar a los responsables y evitar que esto siga sucediendo”.

Se fueron ellos y se quedó el sol. El mismo que hoy tal vez abraza a sus desaparecidos, dondequiera que estén. 

Foto: Paola Ramos / Cencos

Hallan fosa clandestina con más de 500 cuerpos

Redacción / AFP / La Jornada

Foto: Especial

El colectivo Solecito, integrado por familiares de personas desaparecidas en el estado de Veracruz, denunciaron este jueves la existencia de una fosa clandestina en la que podrían haber más de 500 cuerpos, según un mapa de presuntos criminales que les entregaron de forma anónima.

Esta fosa se localizaría a cinco kilómetros de una zona conocida como Colinas de Santa Fe, donde en 2016 fue hallada otra de la que han sido extraídos 295 cuerpos sepultados ilegalmente por bandas criminales.

Hace unos meses nos hicieron llegar un mapa en el que nos indicaron que había más de 500 cuerpos, dijo Rosalía Castro Toss, vocera del colectivo. 

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Culmina búsqueda de desaparecidos en bases militares

Redacción / Milenio

Foto: Cencos

Con un cansancio físico y emocional, crisis nerviosas y expectativas divididas concluyeron los tres días de visitas de los familiares de personas desaparecidas a las bases de operaciones de la Secretaría de Marina en Nuevo Laredo, Tamaulipas, y Nuevo León.

Acompañados por representantes de la Fiscalía Especializada en Investigación de los Delitos de Desaparición Forzada, y de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), un grupo de 12 familiares presenciaron las últimas diligencias en la base localizada en el kilómetro 7 de la carretera Nuevo Laredo- Monterrey, como parte de la investigación que realiza la Procuraduría General de la República (PGR) por la desaparición de 36 personas entre enero y mayo de este año.

Tras cuatro meses de la mayoría de las desapariciones, para algunos familiares las visitas fueron infructuosas, a otros les dio un poco más de certeza sobre las indagatorias, pero para todos fue enfrentarse una vez más a los dolorosos recuerdos.

“Entrar ahí me estresó mucho, sentí algo en la boca del estómago, como coraje al pensar en lo que sintió mi hijo cuando se lo llevaron, se me vinieron muchas cosas a la cabeza y me puse mal, simplemente lloré ahí en el patio”, relató Gregoria Ochoa, madre de Édgar Treviño Ochoa. 

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Amenazan a activistas de Michoacán que buscan a desaparecidos

Redacción/La Jornada

Foto: Viridiana Ramírez

Integrantes del Comité de Familiares de Personas Detenidas Desaparecidas en México Alzando Voces, de Michoacán, denunciaron acoso y amenazas de ‘‘emisarios del gobierno’’ por insistir desde hace 11 años en que sean presentadas con vida 300 personas desaparecidas, 50 de ellas ‘‘por motivos políticos’’.

Cristina y Janahuy Paredes Lachino, integrantes de la organización, siguen buscando a su padre, Francisco Paredes Ruiz, integrante de la Fundación Diego Lucero y guerrillero en la década de 1970.

Desde 2016, dijeron, sujetos armados han ido a su vivienda en varias ocasiones a exigirles que paren ‘‘con el asunto de los desaparecidos’’. Hace unas semanas desconocidos desmantelaron el sistema de videovigilancia de la casa de su hermano.

‘‘Les hemos dicho (a las autoridades) que no vamos a parar. Se ha criminalizado nuestra lucha y han ignorado nuestras demandas. Hace mes y medio vimos el expediente, y no tiene nada’’, expresó Janahuy Paredes.

Cristina Paredes recordó que su padre desapareció el 26 de septiembre de 2007 en la salida de Morelia a Salamanca. ‘‘Testigos dijeron que agentes federales se lo llevaron’’.

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