¿Legalizar las detenciones arbitrarias? ¿Qué fue lo que realmente decidió la Suprema Corte de Justicia?

Por Itzel Sánchez (@Itz_asp)

Imagina que caminas por la calle, un policía te detiene y comienza a revisarte, no estás cometiendo un acto ilícito y no tiene una orden; el motivo de la inspección –argumenta el agente– es que considera que el celular que portas está relacionado con un delito que se investiga.

Desafortunadamente, y como es sabido, México es un país que tiene niveles muy altos de desconfianza en sus instituciones policiales. Una prueba es la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2017, la cual registró que 48.8 por ciento de los ciudadanos confía poco o nada en la policía municipal, 43.6 por ciento en la estatal y 33.5 por ciento en la federal.

Foto: Foto: hemeroteca.proceso.com.mx

A pesar de ello, recientemente la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió la acción de inconstitucionalidad interpuesta por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) contra diversos numerales del Código Nacional de Procedimientos Penales por considerarlos violatorios de derechos humanos. La Corte declaró constitucionales los artículos impugnados, entre ellos los numerales 266 y 268.

Esta decisión permitirá que la policía realice inspecciones sobre una persona y sus posesiones, entre ellas, los vehículos, por el simple motivo de considerar que podría estar ocultando algo relacionado con un delito que se investiga, sin ninguna orden ni control judicial previo.

Lo anterior es sumamente preocupante. Si bien la SCJN ha pretendido puntualizar los supuestos en que podrían realizarse estas inspecciones, argumentando que es necesaria la existencia de una investigación en curso para que sean legales, esta salvaguarda no resulta suficiente.

Inicialmente en el ámbito jurídico es importante señalar que no existe ningún protocolo, regulación expresa, lineamientos básicos que establezcan parámetros específicos a los que debería ceñirse el actuar policial, es decir: ¿en qué casos pueden realizar estas inspecciones? ¿cómo deben hacerlo?, ¿qué criterios deben tomarse en cuenta? Esto queda totalmente al arbitrio de la policía, por lo que se deja al ciudadano completamente vulnerable y sin certeza jurídica alguna, se viola indudablemente el principio de legalidad, al que toda norma debería ajustarse, más aún, tratándose de limitaciones a la libertad personal.

Se argumenta que mediante estas normas se pretende dotar de herramientas a los agentes para posibilitar que realicen sus labores de manera efectiva, pero este discurso formal deja de lado el grave contexto nacional, mismo que muestra que la desconfianza social en las instituciones policiales deriva de que estas son señaladas por la comisión de un sinfín de abusos relacionados con la ejecución de sus funciones.

La necesidad del fortalecimiento de las autoridades civiles, en este caso fuerzas policiales, no está a discusión, es claramente necesaria, sin embargo, ésta debe darse en un marco de respeto irrestricto a los derechos humanos, los cuales no pueden sacrificarse para optimizar procesos, aunque estos sean relativos a la procuración de justicia.

Lo cierto es que se están dejando vigentes contenidos normativos cuya forma en que serán aplicados no es clara, aunado a que confieren facultades discrecionales a instituciones señaladas por la mala ejecución de sus funciones. En suma, estas circunstancias dejan la puerta abierta a la comisión de abusos y violación sistemática de derechos.

Este texto fue publicado originalmente en The Mexican Times

La noche en que le pedimos a la comunidad internacional que no dejara solos a los mexicanos

Foto: FIFDH

Por Ixchel Cisneros (@chelawuera)

De inicio me sentía como una atracción turística: “Pásele a ver a la mexicana que hablará sobre cómo es vivir en su terrible país”. Pero era una gran oportunidad para platicarle a la comunidad internacional sobre la violencia e impunidad a la que nos enfrentamos día a día en México.

Sería un debate en el marco del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos organizado por fundaciones, organizaciones internacionales, el Parlamento Europeo y las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, y participaríamos: el actor Gael García, la periodista Anabel Hernández, el defensor de derechos humanos Carlos Soni Bulos y yo.

Cuando subí al escenario tenía todavía el corazón roto, acabábamos de ver el documental La libertad del diablo, de Everardo González, donde víctimas y perpetradores de la violencia narraban desapariciones, asesinatos y agresiones que les habían sucedido o que ellos habían cometido. Con la voz entrecortada, empecé por explicar que somos más los mexicanos y mexicanas trabajadoras y chingonas y que realmente teníamos una clase política impresentable que no nos representaba en lo más mínimo, que nos mentía en la cara diciendo que no pasaba nada y que también lo hacía con la comunidad internacional. De verdad, es impresionante cómo los políticos de nuestro país mienten abiertamente cuando tienen audiencias en la ONU, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o en la Corte Interamericana.

La charla continuó y yo nada más veía cómo los asistentes abrían grandes los ojos cuando les decíamos que tuvimos más de 23 mil homicidios en 2017 y que oficialmente había 33 mil personas desaparecidas.

Aplaudían tras escuchar la historia de Carlos Soni, quien fue torturado por marinos y encarcelado por casi dos años, y se emocionaban con los relatos de Gael sobre un México de luchones y luchonas que no se han dejado vencer y actualmente se están organizando en la búsqueda de un mejor país.

 Para no variar (porque parece que ya es mi tema forever) les expliqué sobre la recién aprobada Ley de seguridad interior y cómo nuestros senadores y diputados no escucharon a nadie y le dieron herramientas a las fuerzas armadas para seguir violando los derechos humanos. También hablé sobre la necesidad de una fiscalía autónoma e independiente y del escándalo de Pegasus, ese software invasivo comprado por el gobierno y usado para espiar a periodistas y personas defensoras.

Los asistentes no podían creer que México fuera así, pues supuestamente vivimos en un país democrático. Sus preguntas y comentarios eran sobre cómo enfrentábamos la violencia, por qué nuestras instituciones no funcionaban y si creíamos que nuestro gobierno era más un narcoestado.

Pero fue una pregunta la que me llamó la atención, de un hombre que, sentado en la última fila, nos cuestionaba: “Entonces si hay tanta violencia, ¿por qué los extranjeros siguen yendo a México y siguen considerándolo como uno de los mejores lugares para vacacionar?, ¿será porque la violencia únicamente se da en ciertas zonas?” La verdad acepto que me prendí, que no guardé la compostura y lo interrumpí en varias ocasiones pero ¿por qué lo hice? Pues porque resulta que el gobierno mexicano se tomó la molestia de mandar a un vocero a que nos preguntara eso, sí, el Estado envió a este chico que trabaja como su representante en Naciones Unidas para que intentara desacreditar lo que decíamos. Así de jodidos, así de censuradores.

Y mi respuesta a su pregunta fue: “Fíjate, qué casualidad, esa versión que das es justamente la que ofrece el gobierno mexicano. La violencia está en todos lados, incluso en los lugares turísticos como Los Cabos y Playa del Carmen, y si únicamente estuviera en la montaña de Guerrero, no tendríamos por qué dejarlos solos”.

Al final su estrategia no funcionó, decenas de personas se acercaron a nosotros para saber más, para seguir en contacto y para darnos muestras de apoyo. Me queda claro que hay mucho por visibilizar, mucho por compartir, mucho por escuchar. Esa noche, le pedimos a la comunidad internacional que no nos dejara solos.

Este texto fue publicado originalmente en The Huffington Post México

¿Por qué salimos las mujeres a marchar?

Por Viridana Ramírez (@yavirarom)

El pasado 8 de Marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, por lo que miles de nosotras salimos a marchar a las calles de la Ciudad de México para exigir algo que parece inalcanzable: igualdad social.

El Artículo 4º de la constitución indica que hombre y mujer son iguales ante la ley y que ésta deberá establecer mecanismos e instituciones para garantizar que esto suceda, para promover la equidad de género. Pero esto no se ve reflejado en nuestro día a día: las escasas oportunidades y el nulo reconocimiento nos han colocado en una situación de inequidad y vulnerabilidad.

Foto: Viridiana Ramírez/Cencos

El caso de las trabajadoras del hogar es un ejemplo de la desigualdad entre hombres y mujeres. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2016, en México hay 2.3 millones de personas que se dedican al trabajo del hogar remunerado, de las cuales 95% son mujeres. También señala que los hombres que se dedican a lo mismo gozan de mejores condiciones laborales y perciben hasta dos salarios mínimos más que una mujer.

Esto se suma a la precariedad de un trabajo que ni siquiera es reconocido como tal, y en donde las personas son sometidas a jornadas de hasta 12 horas, sin derechos laborales, seguridad social, contrato, garantía de pensión o posibilidad de ahorro.

Para que una mujer trabajadora del hogar pueda romper esta brecha y tener una valoración de su trabajo es necesario modificar leyes, y crear reformas, pero ¿cómo se van a modificar y crear nuevas si ni siquiera podemos tener seguridad y respeto en nuestros espacios?

La desigualdad laboral es un grave problema, sin embargo, la violencia y agresiones hacia la mujer cobran un papel fundamental en la búsqueda de la equidad de género, ya que en los últimos 10 años este tipo de violencia no ha disminuido.

Según ONU Mujeres México el feminicidio ha alcanzado proporciones alarmantes en México, pues se estima que en los últimos 25 años ocurrieron más de 35 mil defunciones de mujeres con presunción de homicidio.

En la mayoría de los casos en los que una mujer es encontrada sin vida la investigación no inicia con perspectiva de género y es muy difícil que sea tipificada como feminicidio, en principio, porque en muchas ocasiones las autoridades no distinguen entre un homicidio y un feminicidio. Eso es fundamental: no son lo mismo. Las mujeres son asesinadas por razones de género.

Un feminicidio, según el código penal federal de México, se considera como tal cuando, entre otras características, la víctima presenta signos de violencia sexual, se le infligió lesiones o mutilaciones degradantes, o su cuerpo fue expuesto en un lugar público.

Por eso las mujeres salimos a marchar, porque en nuestra pelea por condiciones laborales dignas también nos topamos con una enorme pared de concreto, que es la violencia cotidiana que nos impide caminar libremente por la calle.

Es fundamental garantizar espacios seguros, acciones para prevenir y erradicar la violencia de género, además de que se incorpore la perspectiva de género para que podamos hacer frente a los desafíos sociales, políticos y económicos de nuestro país. Es muy largo el camino que nos falta por andar: las estadísticas han demostrado que en lugar de tener un avance nuestros pasos van como los de un cangrejo.

Me gustaría que no sólo el 8 de Marzo se hablara de este tema, y que no sólo ese día los hombres se digan empáticos con nosotras. Me gustaría que esto fuera siempre: que en casa se eduque de igual manera a niños y niñas, dándoles la capacidad a ambos de ser sensibles o fuertes, que los hombres se incomoden cuando escuchan un comentario machista y que la sociedad se moleste cuando una de nosotras sea agredida.

Me gustaría que al caminar y ver a un hombre detrás de mí no me invada una angustia de lo que me pueda pasar y que al salir con falda nadie intente ver por debajo de ella.

Me gustaría no tener que seguir saliendo a las calles para exigir espacios seguros en donde las mujeres podamos caminar libres, no seguir saliendo para hacer ver algo que de por sí es evidente: que no hay igualdad laboral. Me gustaría que llegue un día en el que haber alzado nuestra voz sirva para hacer efectiva la igualdad, para que sea una realidad y no un reclamo.

Este texto fue publicado originalmente en The Mexican Times

México: alternativas para la impunidad

Por Itzel Sánchez (@Itz_asp)

¿Cuáles son las alternativas ante la impunidad imperante en nuestro país? ¿Qué es lo que está sucediendo con la impartición de justicia, que ser víctima de un delito te convierte en una potencial víctima de violaciones de derechos humanos?

México ocupa el quinto lugar a nivel mundial y el primero en América Latina de países con mayor índice de impunidad, de acuerdo con la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP). Es importante señalar que existe una cifra negra: más de 90 por ciento de los delitos no son denunciados, según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2017, más de 90 por ciento de los delitos no son denunciados. En suma, el problema es abrumador.

Esta situación es un reflejo evidente de la debilidad institucional en materia de justicia. Es impensable que en una nación democrática exista una ausencia tal de estado de derecho que una vez que se ha sido víctima de un delito el Estado revictimice con omisiones y la inadecuada investigación.

Foto: newsroompanama.com

Ante la ausencia de respuestas en nuestro país, familiares de víctimas tienen que acudir ante instancias internacionales. Tal es el caso de los feminicidios de Lilia Alejandra García y Nadia Muciño, el asesinato del normalista Julio César Mondragón y de Arturo Hernández Cardona, la masacre de El Charco, en Guerrero; así como la experimentación sin consentimiento en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, mismos que acudirán ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en busca de justicia.

Karla Michel Salas, directora del Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social, señaló en entrevista para Cencos que México es uno de los países que en la actualidad está enviando un mayor número de peticiones ante el sistema interamericano de protección de los derechos humanos. Sin embargo, este procedimiento es largo y podría tomar décadas ya que no todos los casos que se presentan son analizados en el fondo.

La resolución de estos casos resultaría trascendental, como en su momento lo fue la sentencia “Campo Algodonero” y otras, que establecieron nuevos estándares en materia de derechos humanos. Sin embargo, resulta lamentable que las personas tengan que someterse a procesos prácticamente inalcanzables para la mayoría en la búsqueda de verdad y justicia.

Ante la ausencia expresa de voluntad política por parte de las autoridades de resolver de manera eficaz la problemática, es necesario como estrategia conjunta apuntar al fortalecimiento del entramado institucional que suponga la transformación estructural del sistema de justicia de nuestro país, por ejemplo, la creación de una fiscalía profesional y con la capacidad técnica para investigar y perseguir el delito de manera efectiva, con independencia y autonomía que permita dejar de lado la corrupción, aspecto que alimenta la impunidad.

Esta colaboración fue publicada originalmente en The Mexican Times

La institucionalización del terror

Por Marcela Méndez (@marcela_mdz)

Son jóvenes.

Tienen 16, 21, 30 años.

Se llaman Héctor, José, Ulises; y desde hace años sus familias no conocen su paradero.

Los tres están desaparecidos desde 2013, cuando un grupo de policías de Veracruz los detuvieron –en momentos diferentes– únicamente por considerar que tenían una “actitud sospechosa”, sin presentarlos ante un juez o agencia del Ministerio Público.

Foto: plumaslibres.com.mx

Era la administración de Javier Duarte, y en Veracruz el terror se había institucionalizado: la policía estatal –a través de dos grupos: Fuerza de Reacción y Fuerza Especial– operó para detener y desaparecer a por lo menos 15 jóvenes –hombres y mujeres–, ente los que se cuentan Héctor, José y Ulises.

Los mismos que tenían que protegerlos fueron los que los detuvieron un día, entre abril y octubre de ese año, en alguna carretera o avenida del estado.

La semana pasada se completó la detención de 19 personas –policías, exmilitares y exmandos de la Secretaría de Seguridad– por su presunta implicación en estas desapariciones forzadas. Están en el penal Pacho Viejo, una localidad en el municipio de Coatzacoalcos, Veracruz.

Este miércoles 13 de febrero las 19 personas fueron vinculadas a proceso.

Arturo Ángel, reportero de Animal Político, ha seguido y reportado el caso, y ha comenzado a publicar las historias de cómo, en dónde y bajo qué argumentos los jóvenes fueron detenidos. Ha narrado los primeros seis casos, desde la detención hasta que fueron llevados a una academia de policía fuera de Xalapa, en donde se perdió su rastro.

En el diario La Jornada, Eirinet Gómez publica datos aún –si todavía se puede– más espeluznantes. Por ejemplo, que según la audiencia de vinculación los presuntos culpables no solo detuvieron y desaparecieron a los jóvenes, también solían contactar a sus esposas para abusar sexualmente de ellas.

Es, porque no hay otra forma de decirlo o de concebirlo, una historia de terror. Que pasó –y que se sigue desarrollando– en nuestro país, frente a nuestras narices, y en manos de agentes públicos. Que destapa la responsabilidad de las autoridades, esa que han venido negando desde hace años. Que nos muestra las heridas más profundas del México en el que vivimos, en el que con frecuencia las autoridades no sólo no cumplen con su labor, sino que vulneran nuestros derechos más fundamentales, incluyendo nuestro derecho a vivir.

En los juzgados de Pacho Viejo, familias de personas desaparecidas siguen gritando su dolor, porque todavía no encuentran a quienes buscan y exigen saber dónde están sus hijos.

Que haya elementos detenidos, una investigación en curso, es un primer paso para dar justicia y certeza a decenas de personas.

Pero Veracruz sigue siendo una herida abierta. Y como esa hay muchas en México.

Hay más de 33 mil personas desaparecidas. Más de 33 mil familias buscando.

Este texto fue publicado originalmente en The Mexican Times 

Qué es la impunidad y cómo nos afecta diariamente

Presentación de la iniciativa #Reforma102 | Foto: Cencos

Por Ixchel Cisneros (@Chelawuera)

Si vives en México, seguramente ya fuiste víctima de algún delito. Te robaron el celular en el metro, te asaltaron en el microbús, le robaron alguna autoparte a tu coche, te asaltaron con violencia, sufriste alguna agresión sexual, te pidieron dinero para dejarte trabajar o conoces a alguna persona muerta o desaparecida. Sí, así de gacha es nuestra realidad.

Yo, en los últimos 6 años he sido víctima de acoso en el transporte público, me robaron mi bolsa y teléfono celular a punta de pistola, allanaron las oficinas donde trabajo y me atropellaron y dejaron tirada a la mitad de la calle.

En todos los casos levanté una denuncia pero, ¿quéeee creeeen? En ninguno de ellos encontraron a las o los responsables. Esto no es una novedad, según el Índice Global de Impunidad 2017 somos el país con mayor impunidad de América Latina y el cuarto en el mundo.

Así de ruda es la impunidad, cometes un delito porque se puede, porque es muy probable que nunca te atrapen.

En este contexto, se habla mucho de la palabra impunidad pero, ¿qué es? Bueno, pues en resumen es que una víctima no reciba justicia y quien cometa algún delito no sea castigado. Pan nuestro de cada día, ¿no? Y por lo menos en mi percepción, la razón de por qué la clase política sigue robando sin control, los criminales son los dueños de ciertas zonas de nuestro país, continúan desapareciendo y matando personas, etcétera.

Por ejemplo, si una mujer denuncia la agresión de su pareja y las autoridades únicamente le dan el avión y la regresan a su casa con el agresor, es muy probable que este se dé cuenta que en México “no pasa nada” si violentas a las mujeres. Así que lo seguirá haciendo con posibles resultados fatales y quienes no le dieron el apoyo se convertirán en cómplices y promotores de la violencia.

O si alguien tiene en su loca cabecita la idea de matar a un periodista y revisa los asesinatos previos, se dará cuenta que de los más de 100 casos, no hay uno solo resuelto, cuestión que seguramente le dará aliento al futuro asesino para continuar con su plan.

Así de ruda es la impunidad, cometes un delito porque se puede, porque es muy probable que nunca te atrapen.

La cuestión acá es que todos los ejemplos anteriores, cuando fueron denunciados, tuvieron que haber pasado por una procuraduría o fiscalía donde su gente debió recolectar y procesar pruebas, hablar con testigos, ir con especialistas y armar un caso robusto con tal de encontrar y enjuiciar a las o los culpables. Pero, en México, esto no sucede porque dichas instituciones son débiles y están llenas de vicios y personas sin preparación –no todas, sí muchas-.

Por ello, hoy 31 de enero decenas de organizaciones sociales y empresariales, y cientos de ciudadanos nos reunimos en el Ángel de la Independencia para exigirle a los candidatos a la presidencia que le bajen al rollo y se pongan a trabajar en lo que consideramos esencial para que este país avance: la transformación de las procuradurías en fiscalías realmente autónomas con personas capaces y dispuestas a trabajar por un México más justo.

Y no, todo eso no se logra nada más quitando el pase automático y poniendo a un “buen fiscal”, se necesita una operación a corazón abierto que limpie todo lo enfermo y nos dé instituciones donde se investigue, se sigan protocolos, se respeten los derechos humanos de los detenidos, se procesen bien las pruebas, se les dé presupuesto suficiente, que no dependan del partido en el poder ni de la clase política; que vean por las y los ciudadanos y le den a las víctimas la justicia que tanto han anhelado.

Andrés Manuel, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, si tanto quieren gobernarnos, les exigimos que muevan a sus bancadas en el congreso y reformen el artículo 102 de la Constitución para lograr una #FiscalíaQueSirva.

Este texto se publico originalmente en The Huffington Post México

Un año después #MexicaliResiste en lucha por el agua contra su propio gobierno

Por Uriel Reyes (@upolch)

Desde la toma de protesta de Donald Trump, el mensaje casi hostil hacia México ha quedado más que claro; los intereses del pueblo estadounidense son prioridad, y no nos piensan conceder nada. En este contexto es aún más difícil entender las acciones del gobierno de Baja California, encabezado por Kiko Vega, que ayer atacó y detuvo ilegalmente a ciudadanos que luchan por el agua. El gobernador ya ha dejado clara su postura: el agua pertenece a la cervecera estadounidense Constellation Brands.

En enero de 2017 las manifestaciones en Baja California contra el gasolinazo y la Ley del Agua –que buscaba privatizar el servicio en el estado– trascendieron a nivel nacional. Fue un movimiento civil sin precedentes en aquella entidad norteña que logró la derogación de la ley. Una victoria para la sociedad civil y un revés para el gobernador Kiko Vega, que no se quedaría con los brazos cruzados.

Foto: Facebook Mexicali Resiste

Mexicali Resiste se formó a partir de esa lucha de forma espontánea, con personas que ya venían trabajando en organizaciones y movimientos, pero tomando como base ciudadanos sin experiencia en ese tipo de luchas. El siguiente objetivo era claro: defender el agua de su propio gobierno, que planea entregarla a una empresa extranjera.

Ayer por la tarde el gobernador daba un “emotivo” discurso en el marco del aniversario número 66 de Baja California.

“La gente siempre ha sacado por delante el carácter y esa férrea voluntad, herencia de nuestros ilustres pioneros, que nos ha permitido construir día a día el gran estado que somos hoy, la Baja California que es la tierra de nuestros padres y la casa de nuestros hijos”.

Al mismo tiempo, un cuerpo antimotines atacaba a golpes y pedradas a ciudadanos que intentaban detener la construcción del acueducto que requiere la cervecera, y que pone en riesgo el suministro de agua para ciudades y zonas rurales de la entidad.

 ¿Qué se puede decir cuando un estado mexicano utiliza sus recursos al servicio de una empresa estadounidense? ¿Qué podemos decir cuando además de quitarle el agua a sus ciudadanos para regalársela a una de las cerveceras más poderosas del mundo, paga con recursos públicos la infraestructura necesaria para hacerlo? ¿Qué podemos decir cuando, además de todo, utiliza a elementos de la policía del estado para reprimir a quien se opone?

 A esas autoridades estatales hay que hacerles notar que no sólo los medios de comunicación locales –controlados muchos de ellos a través de publicidad oficial– están haciendo eco de lo que ocurre, y que hay miradas en todo el país tomando nota de sus acciones a pesar de provenir de un gobernador gris y de bajo perfil.

Si les interesa, y espero que sí, no duden en seguir lo que ocurre en aquella esquina del país a través de las redes sociales de Mexicali Resiste.

Este texto se publicó originalmente en The Mexican Times.

Derecho Remix: Vallenato con Adriana

Adriana Muro Polo, destacada abogada mexicana, visitó a Miguel, Ixchel y Gonzalo para conversar en torno a temas de política, sociedad y jurídicos que están sucediendo en Colombia; analizando el conflicto armado de aquel país.
Escucha el podcast:

Entendiendo el conflicto colombiano

Ixchel Cisneros, Gonzalo Sánchez de Tagle y Miguel Pulido, nuestros abogados preferidos, contaron con la visita de la reconocida abogada mexicana Adriana Muro Polo, quien ha litigado en México, trabajado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tiene una maestría en Derechos Humanos y actualmente es directora de Elementa(@ELEMENTADDHH), una consultora latinoamericana, con importante participación en los procesos de paz y el post-acuerdo en Colombia. Una conversación jurídica para ir entendiendo el conflicto en aquel país.

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Regidora del PRI y su esposo golpean a defensora de Temacapulín

Foto: Mario Marlo/Somoselmedio.org

Por Redacción/Somos el medio

Guadalajara, Jalisco, 9 de enero 2017.- La noche del pasado seis de enero, la Regidora priista de Cañadas de Obregón, Catalina Mejía Alvarado y su esposo Héctor Chávez Saldívar, golpearon a una de las integrantes del Comité Salvemos Temacapulín, Acasico y Palmarejo, ciudadanos que desde hace más de 12 años resisten a la Presa El Zapotillo, en los Altos de Jalisco, que pretende llevar agua a León Guanajuato y la Ciudad de Guadalajara y que de terminarse desaparecería a tres pueblos milenarios, Temacapulín, Acasico y Palmarejo.

Según la denuncia realizada en la delegación Regional Zona Altos Sur Tepatitlán de Morelos Fiscalía General del Estado, carpeta 100/2018, con gritos, empujones y golpes la actual Regidora representante de Temacapulín y su esposo golpearon a Emma Juárez, miembro del Comité Salvemos Temaca, la noche del pasado seis de enero durante la celebración de las fiestas patronales de la comunidad cuando con insultos a los presentes intentaba imponerse para no dejar que continuara el programa planeado, “Me vale madre, yo soy la regidora y aquí se hace lo que yo digo”.

Según testigos la Regidora quien es parte de un grupo priista de choque que apoya la construcción de la presa el Zapotillo, días antes había realizado disparos al aire en la plaza pública de Temacapulín, poniendo en riesgo la vida de la gente.

Pobladores de la comunidad declararon para Somoselmedio que esta no es la primera vez que la actual Regidora realiza actos de prepotencia y de abusos de poder, lo que se suma al trabajo que realiza para promover la construcción de la presa El Zapotillo como los acuerdos realizados el pasado 26 de septiembre de 2017 donde la Regidora junto con el alcalde de Cañadas de Obregón, Jaime Gustavo Casillas Vázquez acordaron “promover la participación de los distintos grupos sociales que integran la comunidad para la elaboración del proyecto de Programa de Desarrollo Urbano de Centro de Población Temacapulín”, mejor conocido como Talicoyunque, lugar donde se pretende reinstalar a los pobladores de Temacapulín.

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