Ciudad de México. El confinamiento por la pandemia de Covid-19, el cierre de hoteles y bares, así como la falta de apoyos gubernamentales, ha obligado a que más trabajadoras sexuales laboren en las calles y se enfrenten al hostigamiento y discriminación tanto de autoridades como de grupos delincuenciales y la sociedad, coincidieron organizaciones.
Elvira Madrid Romero, de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, expuso que a principios de abril había un registro de 7 mil 500 trabajadoras en la vía pública y actualmente se calculan 10 mil.
Muchas compañeras ya se habían retirado por motivos de salud, también porque sus hijos crecieron y ya tienen una profesión, pero la situación económica está haciendo que regresen, muchas son adultas mayores, mencionó.
Indicó que en un encuentro de trabajadoras sexuales, a principios de este mes, se reportó que los ingresos de las jóvenes bajaron 80 por ciento y de las adultas 95 por ciento.
David Avendaño (Krizna) Y Gloria Muñoz/Desinformémonos
Las calles de una megalópolis como Ciudad de México se han vaciado con la reclusión forzosa de la ciudadanía, y la noche adquiere un aspecto siniestro para las miles de trabajadoras sexuales, con menos clientes y más expuestas al abuso y la extorsión.
Foto: Brian Torres
Las populares calles del barrio de La Merced, en el centro histórico de la ciudad, las banquetas de la colonia Obrera, los alrededores del Monumento a la Revolución, la congestionada avenida Tlalpan –todas ellas zonas en las que se ejerce el trabajo sexual–, están prácticamente desiertas.
Las 7,500 mujeres y trans que viven del comercio sexual en la Ciudad de México enfrentan la peor crisis de la que tienen memoria. Aseguran que la clientela ha decaído hasta en un 90%, y muchas no sólo se han quedado sin trabajo, sino también sin casa, pues vivían y trabajaban en los hoteles que fueron cerrados el pasado 1 de abril a causa de la covid-19.
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Trabajadoras sexuales increparon al primer visitador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Ismael Eslava Pérez, y le exigieron garantizar su derecho al trabajo digno, al acceso a la justicia y al matrimonio igualitario.
El primer visitador estaba por concluir la presentación del informe especial sobre la situación de los derechos humanos de las personas Lesbianas, Gay, Bisexuales, Travestis, Transgénero, Transexuales e Intersexuales (LGBTTTI), cuando el grupo de mujeres lo cuestionó sobre su derecho al trabajo sexual.
Mónica Mendoza, de la organización Mujer Libertad, aclaró que no se refería a la trata ni a la prostitución, sino a la elección premeditada de ser trabajadora sexual, y acusó a la CNDH de minimizar el trabajo realizado por las organizaciones, violentando con ello sus derechos humanos.
El 18 de julio se llevó a cabo el XXI Encuentro Anual de la Red Mexicana de Trabajo Sexual, convocado por la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez” A.C.
Foto: Viridiana Ramírez/Cencos
En el quinto piso de un edificio en la calle Isabel la Católica, trabajadoras sexuales se reunieron para reforzar su lucha: el respeto al trabajo sexual. Varias panelistas compartieron su visión y sentir con el resto de sus compañeras. “El compañerismo y unidad es primordial para que podamos progresar”, señala una mujer de edad avanzada.
Este espacio les ayuda a replantearse qué han logrado, qué necesitan y cuáles son sus derechos. En el encuentro las participantes platican con sus compañeras; algunas de ellas vienen de otros estados, lo que hace este diálogo más interesante, ya que hablan de sus diferentes contextos y perspectivas.
Foto: Viridiana Ramírez/Cencos
Entre otras, éstas son algunas de las peticiones que tienen:
La despenalización de la prostitución.
Que se publiquen lineamientos en la Gaceta Oficial que vinculen a trabajadoras sexuales con el Reglamento de Trabajadores no Asalariados del Distrito Federal.
Reformar la Ley de Fomento Cooperativo o proponer una ley de trabajo sexual cooperativista.
Respeto a sus derechos humanos.
Acceso a servicios de salud.
Además, exigen el cese a la revictimización. Ellas aseguran que no son víctimas, porque han elegido este trabajo para llevar dinero a sus casas y lo disfrutan.
“No somos víctimas de trata”, exclaman, más aceptan que esto no significa que no suceda, o no exista, simplemente no quieren que se siga mezclando a la trata con el trabajo sexual.
El hartazgo por la criminalización, persecución y revictimización, así como por las amenazas y violencia a las que se enfrentan, las ha empujado a denunciar y a exigir condiciones adecuadas para hacer su trabajo.
El camino, comparten, ha sido largo y cansado, pues a pesar de todos los esfuerzos que hacen, pareciera no ser suficiente ya que en la actualidad los servicios de salud siguen siendo inadecuados e ineficientes, no hay seguridad y son escasos los programas de apoyo a mujeres que se dedican al trabajo sexual; sobre estos últimos, piden que realmente se enfoquen a sus necesidades, pues aseguran que no se respeta su trabajo.