Orquesta PRI despojo de tierras para autopista del NAICM; continúa violencia

Paola Ramos / Cencos
FPDT Atenco, NAICM, NAIM, Plataforma contra el aeropuerto
Foto: Marcela Méndez / Cencos
Pese al anuncio de la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) en Texcoco, los procesos de despojo y compra ilegal de tierras para obras complementarias continúan, denunciaron pobladores en conferencia de prensa.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) a través del uso de grupos de choque, militantes y poder político ha jugado un papel primordial en el despojo de alrededor de 300 hectáreas de tierras ejidales para la construcción de la autopista Peñón-Ecatepec, obra complementaria al NAICM. 
Pobladores denunciaron que el uso de esta superficie fue ilegalmente cambiado del régimen ejidal a parcelas de uso privativo a través de una asamblea en 2014, que registró irregularidades como la falsificación de firmas de autoridades ejidales y de asambleas, agresiones por parte de grupos de choque y corrupción. 
Entre los principales operadores de este proceso se encuentra Andrés Ruiz Mendez, actual presidente municipal de Atenco por el PRI, y quien entonces fungió como representante del comisariado ejidal.
“En el Estado de México, la estructura de poder del PRI aún se va a hacer valer en la región. Es decir: el PRI no va a perder de forma sencilla la intención de utilizar esas autopistas complementarias al aeropuerto para poder desarrollar proyectos inmobiliarios y proyectos comerciales”, sostuvo en entrevista Armando Bernal, director del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero. 
“Literalmente lo que están pensando es: ante la derrota del aeropuerto, los proyectos secundarios sí hay que echarlos a andar. Principalmente autopistas, extracción y desarrollo inmobiliario”.

Adela Romero, miembro del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT Atenco) señaló que desde el pasado trienio, encabezado por el priista Andrés Ruiz aumentó la presencia de agrupaciones políticas para forzar la compra y venta ilegal de terrenos. 
“En Atenco hay algunos que se han prestado a cambio de una cantidad de dinero, o inclusive nosotros supimos que hasta por plazas (puestos públicos) se prestaron para grupos de choque, a buscar personas para venta (de tierras) e intimidando para que vendieran”, señaló la pobladora. 
“Toda la gente del pueblo sabe de esa situación: es el PRI y sus principales aliados, grupos de choque”
Recientemente, el Tribunal Agrario del Distrito 23 de Texcoco falló a favor del ahora presidente municipal Andrés Ruiz en respaldo al cambio del uso de tierras ejidales a uso privado, por lo que el FPDT Atenco llamó al poder judicial a anular la asamblea por haber sido ilegal.
De acuerdo con Trinidad Ramírez, miembro del Frente, la superficie de hectáreas despojadas podría ascender hasta más de 4 mil si la venta ilegal continúa. 

Conferencia: Investigadores del INAH se pronuncian en defensa de territorios y del Patrimonio Biocultural

Atención: Jefatura de Información, reporteras y reporteros de la fuente de OSC, Derechos Humanos y corresponsales

  • Investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), colectivo de académicos y movimientos sociales se pronuncian ante las amenazas y afectaciones a pueblos, territorios y saberes tradicionales generadas por megaproyectos extractivos, turísticos y de infraestructura.
  • Señalan que estos son impuestos violando los derechos como la libre determinación, la autonomía, y la autoadscripción, y hacen un llamado urgente a la defensa de los territorios y del patrimonio biocultural.

Participan:

Eliana Acosta (DEAS-INAH),
Rosa Garza (DEAS-INAH),
Paul Hersch (INAH- Morelos),
Giovanna Gasparello (DEAS-INAH)

Convoca:

Grupo de investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)

La cita: Martes 30 de Octubre de 2018 a las 11:00 horas, en el Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos), ubicado en Medellín No. 33, Col. Roma, entre las calles de Puebla y Sinaloa a una cuadra del monumento a La Cibeles.

Para mayores informes comunicarse con Francisco Barrón Trejo a Cencos a los tels. 55336475 / 76, ext. 104

Emplazan a AMLO a liberar a presos políticos

Paola Ramos / Cencos
Distintas organizaciones se reunieron en Tlanixco, Estado de México, para discutir sobre la importancia de articular las luchas por el agua y la tierra. Foto: Facebook: Desinformémonos
Asistentes al Encuentro en defensa del agua, el territorio y la vida, realizado este fin de semana en San Pedro Tlanixco, Estado de México, emitieron un llamado al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, a liberar a presos encarcelados por defender algún derecho.
“Emplazamos al gobierno de Andrés Manuel López Obrador a que para el mes de diciembre libere a todos los presos políticos, así como la liberación de los cargos, y que a partir de esa fecha no exista ningún preso por defender su territorio, su agua, ni sus derechos sociales y laborales”, dijeron en un pronunciamiento durante la clausura del encuentro.
“Para los presos políticos no hay amnistía que valga, pues a los compañeros no hay nada qué perdonarles, porque luchan por el agua, por la tierra y por eso los encierran. ¡Libertad a todos los presos por luchar!”.
El evento fue convocado por el colectivo Rebelión, el Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), Mexicali Resiste y Pueblos Unidos Contra la Construcción del Nuevo Aeropuerto, con el fin de compartir experiencias de lucha y definir estrategias de resistencia ante el nuevo panorama político en el país.
Los asistentes llamaron a organizaciones nacionales e internacionales a articular luchas. Foto: Facebook Desinformémonos
Al respecto, aseguraron que los casos de feminicidios, desapariciones, detenciones arbitrarias y otras violaciones a derechos humanos no son casos aislados, sino crímenes de Estado, por lo que llamaron a agrupaciones sociales a hermanar sus luchas.
“Si bien es cierto que cada una de las resistencias tiene su propia tradición, ideología y un eje político que les marca, consideramos que es nuestra tarea encontrar nuestros puntos en común. Las particularidades de cada movimiento no son de ninguna manera una imposibilidad para generar espacios de unidad en contra de la derecha”, señalaron.

Insistieron con la necesidad de comunicar de forma masiva sus ejes de resistencia y cerrar las brechas entre los frentes de lucha campesinos y urbanos, así como brechas generacionales.

Pese a la cercanía del fin del actual sexenio, encabezado por el priista Enrique Peña Nieto, insistieron con que se trata de un gobierno que se ha caracterizado por criminalizar a defensores y cerrar los ojos ante la exigencia de justicia. 
Adelantaron que se prevé realizar un segundo encuentro, mismo que se definirá a principios de septiembre con miras a conformar una coordinadora nacional de resistencia.
“Se necesita un cambio revolucionario, un cambio profundo en nuestro país”, señalaron.

La lucha de los pobladores del Istmo de Tehuantepec ante las empresas eólicas

Redacción/Cencos

El viento dominante en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, en el suroeste de México, es lo que en las últimas dos décadas ha atraído la mirada e inversión de empresas extranjeras dedicadas a la producción de energía con recursos renovables, pero también ha propiciado que las comunidades de esta región del país emprendan una lucha jurídica en defensa de sus tierras.

El Istmo de Tehuantepec se ha convertido en los últimos 20 años en la principal generadora de energía eólica en México, a la par que las comunidades de la zona luchan por mejores condiciones de vida para sus pobladores.

Foto: Jorge Ulloa

Los pobladores aseguran que no están en contra de este tipo de proyectos, pero sí de que se instalen sin que se garantice el derecho que tienen a una consulta previa, libre e informada, y el derecho a determinar el tipo de desarrollo que quieren; además de que no se tomen en cuenta consideraciones para proteger el medio ambiente.

Los megaproyectos eólicos han llegado a la región con la promesa de progreso, pero para los habitantes –quienes no cuentan con servicios básicos de educación y salud– éste no llega.

En la comunidad de San Dionisio del Mar, que en 2010 tenía una población total de 5 mil 098 habitantes, de los cuales 2 mil 559 estaban en pobreza extrema, el pueblo se organizó para luchar contra la instalación de un parque eólico de la empresa Mareña Renovables. El megaproyecto consistía en más de 100 aerogeneradores, que serían instalados en la laguna de Santa Teresa, afectando el principal medio de subsistencia de la región: la pesca.

“El mar es nuestra madre, es nuestro banco, porque de ella dependemos, porque de acá comemos. No es posible que venga un extranjero e instale sus aerogeneradores, contaminando nuestro mar, contaminando nuestra madre, y nos dejan sin trabajo, sin alimento”, explicó en este documental Aquilino Altamirano, habitante de San Dionisio del Mar.

Foto: Jorge Ulloa

En 2012 los pobladores obtuvieron un amparo que revocó la instalación de este megaproyecto, y a seis años continúan en resistencia. Durante este tiempo, los huaves han defendido no sólo su fuente de trabajo y alimentación, sino también su cultura; la adquisición de territorios para estos megaproyectos destruye también el conocimiento de la medicina prehispánica, que durante siglos han practicado sus antepasados.

Los pobladores de este municipio también denuncian que este proyecto se instalaría no sólo sin su consentimiento, sino con prácticas corruptas y falta de transparencia; las comunidades que defienden la tierra y el territorio ante los proyectos eólicos aseguran que no sólo son las empresas las que violan sus derechos, también los gobiernos municipales, estatal y federal.

En el Istmo de Tehuantepec otras comunidades indígenas se han organizado en contra de la instalación de megaproyectos, defienden su derecho a la tierra, territorio y bienes naturales; al consentimiento libre, previo e informado, a la consulta libre, previa e informada, a la libre determinación y a un medio ambiente sano; pero en su lucha se han enfrentado a ataques e intimidaciones.

Las y los defensores comunitarios son en México una de las poblaciones más vulnerables; en esta región, a pesar de haber detenido el proyecto, continúan organizados y en oposición a las eólicas, ya que consideran que persiste el riesgo de ser despojados de su tierra, y luchan no sólo por protegerla en el presente, sino por las generaciones que vienen.

Foto: Jorge Ulloa

Comunidades mayas continúan su lucha contra los transgénicos en la península de Yucatán

Redacción: Marcela Méndez | Video: Jorge Ulloa y Marco Aguilar | Fotografía: Viridiana Ramírez

En su casa ubicada en Hopelchén, Campeche –un municipio con cerca de 40 mil habitantes– Luciano Cablé Puc recuerda que hace unos años la apicultura era una actividad más redituable. Con 12 cajitas de abejas, él y su padre llegaban a producir hasta 300 kilos de miel, pero ahora, con la misma cantidad, lo máximo que obtiene son 100.

La apicultura, que por generaciones ha sido una de las principales actividades económicas para las comunidades mayas de la península de Yucatán, ha disminuido por el uso de agroquímicos y la deforestación que trajo consigo la siembra de soya transgénica en la región, misma que se introdujo sin el conocimiento de los pobladores.

Fue en 2012 cuando la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) concedió –con el aval de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)– a la empresa trasnacional Monstanto un permiso para la siembra en etapa comercial de soya genéticamente modificada.

En 253 mil hectáreas en Campeche, Yucatán, Quintana Roo, Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz y Chiapas se podía sembrar, pero la autorización violaba varios derechos reconocidos a los pueblos originarios, como el de la libre determinación y el de la consulta previa, libre e informada.

Tampoco consideraba que el uso de glifosato –herbicida asociado con este tipo de siembra y que ha sido clasificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”– podría tener repercusiones importantes en el agua, ni se estudió la coexistencia de la soya transgénica con las abejas, explica Eduardo Batllori, actual secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (Seduma) en Yucatán.

“Este tipo de siembra beneficia sólo a los empresarios”, aseguran integrantes de las comunidades mayas, quienes en los últimos años han visto cómo su medio ambiente y sus medios de subsistencia se van deteriorando. Denuncian contaminación en el agua, deforestación y la disminución de la actividad apícola como consecuencia del uso excesivo de agroquímicos.

“Ya no hay floración y no hay comida, no hay néctar para la abeja… a veces fumigan hasta con aviones y todo, acaban con la abeja. Cuando vas a tu apiario ves que toda la abeja está muerta. ¿Qué lo está matando, qué lo está matando?”, explica Luciano.

El Estado y Monsanto litigaron contra las comunidades

Las comunidades indígenas no recibieron ningún tipo de información sobre la autorización de siembra y mucho menos fueron consultadas; se enteraron de que en estas tierras había soya genéticamente modificada cuando un cargamento de miel fue rechazado en Europa por estar contaminado.

“Fue cuando se dio a conocer a nivel regional que la miel que se exporta a Europa, principalmente a Alemania, iba a tener que ser etiquetada si contenía elementos transgénicos”, asegura Irma Gómez, asesora del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes.

Ante el permiso, las y los apicultores y algunas autoridades mayas comenzaron a organizarse y decidieron ampararse, con lo que iniciaron una lucha contra una de las empresas más poderosas en el mundo. Argumentaron que esta autorización era violatoria de la constitución y de tratados internacionales, ya que no se estableció un mecanismo de diálogo con ellas y ellos para que conocieran las implicaciones del proyecto y decidieran si éste era compatible con su visión cultural y con su proyecto de desarrollo.

En un primer momento, explica el abogado Jorge Fernández, de la organización Indignación A.C., las comunidades de Hopelchén, Campeche obtuvieron del juzgado segundo de distrito una suspensión de oficio: el juez determinó que, dados los riesgos que podrían derivarse de la siembra de soya transgénica, el permiso tendría que ser suspendido mientras se resolvía el juicio de amparo.

Después, el mismo juez determinó que, en efecto, fueron violados el derecho a la consulta y al principio precautorio, “porque se estaba estableciendo una medida tecnológica –la siembra de un transgen– cuyos efectos no se había acreditado que no causaran daño al medio ambiente”.

Pero Monsanto, la empresa trasnacional con más solicitudes de liberación para cultivos transgénicos en México (379 de un total de 853 entre 2007 y agosto de 2017, según el estudio “Treinta años de transgénicos en México”), impugnó esa sentencia junto con el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), y el caso llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

“El 2015 la SCJN nos otorga una sentencia donde queda prohibida la siembra de soya transgénica hasta que no se nos haga una consulta a las comunidades”, segura Leydy Pech, integrante del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes.

Se confirma el amparo favorable a las comunidades que habían impugnado el permiso “pero con un matiz importante y, desde nuestra perspectiva, bastante grave:  reconoce que hubo violación a la consulta previa, pero no entra al estudio de todos los impactos potenciales que la siembra de soya genéticamente modificada iba causar en el medio ambiente”, explica Fernández.

La resolución de la Suprema Corte no fue respetada, de acuerdo con Pech, “hasta 2017, aun cuando estaban suspendidos los permisos, hubo siembra de soya transgénica, pero esa soya que se sembró está dentro de la ilegalidad”.

Irma Gómez añade que los registros oficiales de Sagarpa no distinguen entre soya convencional y soya genéticamente modificada, pero que los productores afirman que, por lo menos de lo que se sembró en 2017, la mayor parte fue soya transgénica: “el año pasado se sembraron 48 mil hectáreas, cuando en 2016 fueron poco más de 20 mil, 25 mil máximo; prácticamente se duplicó la cantidad de soya en el municipio”.

La consulta tampoco se ha respetado: “La Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem) y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), facultados para llevar todo el proceso de la consulta la han violentado porque han tratado de dividirnos a las comunidades, las han confrontado y eso no es de buena fe… la consulta tampoco es vinculante: en realidad se está haciendo una consulta donde no se reconocen las decisiones de las comunidades, es un derecho que está siendo violado”, asegura Leydy Pech.

Para Jorge Fernández la lucha de los pueblos mayas en contra de la siembra transgénica tiene una importancia legal y política, ya que comunidades “que generalmente han estado en una situación de discriminación, que generalmente litigan o se relacionan con el Estado en una situación de inequidad histórica, de discriminación, lograron llegar hasta el máximo tribunal para reclamar una política de Estado que además beneficiaba a una de las empresas más poderosas del mundo y más denunciadas a nivel mundial, como es Monsanto”.

Al mismo tiempo, permitió visibilizar las limitaciones del sistema de justicia, pues la Corte reconoció de manera limitada un derecho, que es el derecho a la consulta: “todavía no tenemos una Suprema Corte o tribunales que reconozcan de manera plena el derecho a la libre determinación, que es un tema de cómo las comunidades quieren o visibilizan su  proyecto de vida y su proyecto de desarrollo”, explica.

“Por esta tierra sí vale la pena seguir luchando”

Según estudios realizados en Hopelchén, entre 2000 y 2013 se perdieron 60 mil hectáreas de selvas, lo que equivale a 12% del territorio municipal. Este incremento de la deforestación está relacionado con la llegada, a finales de la década de los ochenta, de pobladores que provenían de otros estados, como Durango y Zacatecas, y que decidieron establecerse en la península para cultivar esas tierras.

Los menonitas, explica Irma Gómez, llegaron porque había una gran disponibilidad de tierra: no eran ejidos, como ahora, sino terrenos nacionales; se han establecido en tierras que son de su propiedad.

Esta comunidad demanda mucha tierra.

El gobernador menonita Pedro Woelke llegó a Hopelchén cuando tenía apenas 15 años. En Zacatecas la gente ya no tenía tierra, cuenta, por lo que su papá propuso que si se mudaban a Campeche le regalaría, a cada uno de sus hijos, 10 hectáreas de tierra.  Ahora Woelke, que siembra soya, sorgo e incluso papaya, tiene 100 hectáreas, y lamenta la prohibición de la soya transgénica, porque esa aguantaba más las condiciones climáticas, y porque desde 2015 tiene que batallar con otro tipo de semillas.

Él ha estado presente en reuniones con las comunidades mayas, y asegura que trabajadores de Sagarpa les han dicho que llegará un momento en que se libere la semilla como estaba antes, genéticamente modificada.

Frente a este panorama, miembros de las comunidades insisten en que está en las manos del gobierno frenar los daños al medio ambiente, tanto la contaminación del agua, como los daños a las abejas y otras especies animales, y la deforestación; sin embargo, denuncian que no hay un monitoreo adecuado y que tampoco hay castigo.

Piden que se apliquen las leyes para frenar la devastación al medio ambiente.

En medio del bosque, don Feliciano, apicultor maya e integrante del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes, camina y habla de los árboles que le rodean y de la defensa que continúa para las comunidades: “Por esta tierra sí vale, vale la pena seguir luchando para que no se siga destruyendo por los hombres que vienen a destruir aquí nuestro territorio, porque el gobierno no hace nada, no para todos esos problemas cuando está a su alcance, porque creemos que él es el que debe de poner mano dura en eso, pero vemos que no es así”.

PBI México: Informe 2017

Brigadas Internacionales de Paz (PBI, por sus siglas en inglés) Proyecto México presenta su informe anual 2017, en el que detalla la situación de las personas defensoras de derechos humanos en México y cómo ésta se ha agravado, en particular para quienes defienden la tierra y el territorio, ya que siguen enfrentando hostigamiento, amenazas, ataques y asesinatos por su labor.