#YaEsHoraYucatán: Congreso aprueba el matrimonio igualitario y el castigo a los ECOSIG

Imagen: Twitter @ONUDHmexico

 

 

Redacción/Animal Político

El Congreso aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo con 20 votos a favor y 5 en contra, todos de legisladores del PAN.

El matrimonio igualitario ya es una realidad en Yucatán. Este miércoles el Congreso del estado lo aprobó con 20 votos a favor y 5 en contra. Toda la bancada del PAN, excepto la diputada Kathia Bolio Pinelo, votaron en contra del dictamen. 

Esta era la tercera vez que se votaba el tema. Organizaciones civiles y colectivos de derechos humanos presentaron los amparos contra el congreso yucateco por votar de manera secreta en contra del dictamen.

El 19 de agosto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió que el Congreso de Yucatán actuó de forma inconstitucional al rechazar, mediante voto secreto, las iniciativas de reforma que buscaban reconocer el matrimonio igualitario en 2019.

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Terapia de “conversión”: torturar el alma del hombre

Redacción / Milenio

Foto: Cuartoscuro

Ahí va, con saco moderno, con la camisa blanca impecable, abierta hasta el pecho. Quien lo vea caminar por las calles de la Narvarte en CdMx, nunca se imaginaría que ese joven de lentes gigantes fue un promotor de las terapias de conversión para “curar” a otros de la homosexualidad. Nunca se imaginaría tampoco lo que padeció él mismo.

Su nombre es Iván Tagle y creció en un mundo del tamaño de un clóset, donde se doméstica para tener miedo, para temer al infierno, y para odiarte a ti mismo por ser “diferente”. Iván fue víctima de las terapias de conversión y con el tiempo se convirtió… en victimario.

Quiso creer, engañarse para sentir que el tratamiento tendría el resultado que deseaba, se volvió militante, adicto y rehén de las terapias de conversión, también conocidas como Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género (Ecosig). “Yo fui una de las personas que le decía a otros jóvenes que se podía cambiar y, desafortunadamente, hice mucho daño, porque en realidad no puedes curar algo que no es una enfermedad.

Yo me odiaba”, me dijo Iván la noche que me contó por qué comenzó a ir al Grupo de Apoyo San Agustín donde, a los 15 años, lo sometieron a situaciones de estrés, presión psicológica, emocional y espiritual que formaban parte de las terapias de conversión que prometían quitarle su homosexualidad. Una tortura: dejar de ser quien eres.

Iván no quería ser gay porque pensaba que moriría de sida, que acabaría solo pero, sobre todo, que perdería el paraíso prometido en el reino de Dios. 

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