Reportan en primer bimestre 22 feminicidios de menores

Redacción / La Jornada

El número de feminicidios cometidos contra menores de edad se encuentra en sus niveles más altos, al reportarse en el primer bimestre de este año 22 casos: 11 en enero e igual cantidad en febrero.

Sin embargo, hay 30 expedientes más, durante ese mismo lapso, en los que no fue posible especificar la edad de la víctima.

El mayor número de asesinatos de niñas y adolescentes se cometieron en el estado de México, aunque los cinco crímenes de ese tipo reportados en Chiapas recayeron en menores de edad. También hay víctimas mortales que aún no cumplían 18 años en Coahuila, Veracruz, Nuevo León y Chihuahua, entre otros estados.

A escala general, en el primer bimestre del año fueron abiertas 147 carpetas por feminicidios, la forma más extrema de violencia perpetrada contra mujeres.

Ese nivel es el más alto para un inicio de año desde 2015, cuando se comenzó la clasificación de ese delito. En ese año fueron perpetrados 407 feminicidios; un año después, 585; para 2017 se incrementó a 736, y 2018 cerró con 870 episodios.

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Aumentan feminicidios de niñas y adolescentes

Redacción / Excélsior

A México le urge replantear, en el marco de las nuevas estrategias de seguridad pública, lo que se ha hecho para reducir la violencia feminicida, pero, muy en particular, la que se ejerce en contra de las niñas, por ser niñas.

En efecto, si es de por sí difícil entender el horror que significa el asesinato de mujeres por el hecho de serlo, esa dimensión de la maldad cobra un matiz singular cuando las víctimas son niñas y adolescentes. ¿Cómo explicar la saña y el sadismo implícitos en la violencia ejercida en contra de niñas? ¿Cómo entender el odio hacia una niña por el hecho de serlo? Y más aún ¿cómo diseñar políticas públicas que nos lleven a la inmediata erradicación de esta modalidad de la maldad humana?

La violencia feminicida contra las niñas

Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que el número de casos de feminicidios, en los cuales la víctima era menor de edad, se han incrementado año con año, al menos en el periodo para el cual se cuenta con estadísticas comparables.

En efecto, las estadísticas sobre incidencia delictiva muestran que, en el año 2015, el número de feminicidios perpetrados contra menores de edad fue de 49; esto implica en ese año, un promedio aproximado de un caso cada 7.5 días. Para el año 2016 la cifra creció a 53 casos de feminicidios contra niñas o adolescentes, es decir, un promedio de un caso cada semana.

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Hay 400 mil menores abandonados y en la mira de explotadores

Redacción / Milenio

Niños tzotziles desplazados. Foto: Óscar León / La Jornada

En México, cerca de 400 mil niños y adolescentes se encuentran sin el cuidado de sus padres, es decir, viven en la calle, perdidos, en el abandono y expuestos a la violencia por explotadores: otros 29 mil están bajo el resguardo de instituciones residenciales o alternativas.

De acuerdo con el estudio “La situación de los derechos de los niños y adolescentes en México”, hecho por la organización Aldeas Infantiles SOS, 95.4 por ciento de la infancia restante está en estado de vulnerabilidad.

Pedro García, coordinador de comunicación de la asociación, detalló que al 31 de enero de 2016 existían más de 26 mil denuncias de niños (de 1 a 17 años) desaparecidos o extraviado, de las cuales 5 mil 237 se encuentran aún sin localizar y 135 se encontraron muertos. 

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Tercera generación de niños de la calle en México convertidos en parte del paisaje urbano

Por Redacción/Desinformémonos

Ciudad de México I La calle es una opción y un espacio de vida para algunas poblaciones. “Quienes algún día fueron niños de la calle han alargado su permanencia en ella y hoy tenemos la tercera generación que ha nacido en ese medio y no conocieron un hogar” señaló Pedro Hernández, académico de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM.

La calle es un gran mercado que proporciona a quienes la habitan dinero, comercio, ejercicio precoz de la sexualidad, relación grupal, que podría basarse o no en la violencia. “A fin de cuentas, es el lugar y el espacio en el que cada quien decide permanecer y desarrollar sus actividades. Antes era un medio de sobrevivencia y hoy es, además, una elección viable, estable y duradera de vida para algunos de ellos”.

La incapacidad de un sistema educativo formal, el empobrecimiento socioeconómico de las familias y los altos niveles de violencia en los contextos familiares y comunitarios, orillan a los niños a abandonar sus casas y “adoptar” las calles como su nuevo hogar añade Hernández.

Según datos de la Encuesta Intercensal 2015 del INEGI, uno de cada dos niños se encuentra en situación de pobreza, condición que los coloca en riesgo y alta vulnerabilidad; un importante número de ellos vive situaciones permanentes de violencia verbal y física, además de un alto índice de abusos sexuales.

El abuso de alcohol y drogas en casa, así como la carencia de relaciones positivas y de un proyecto de vida entre los integrantes de la familia, suelen ser condiciones que expulsan a los pequeños a las calles.

Los derechos de los niños que son parte de la población callejera han sido vulnerados, desde el mismo núcleo familiar, la comunidad educativa, los servicios de salud, hasta la sociedad en general. El asistencialismo es un remedio inmediato, pero no considera soluciones a largo plazo.

Aunque siempre ha existido este fenómeno, en la década de los 90 surgió un boom por la visibilización de la población callejera; los infantes comenzaron a ocupar más la calle y el fenómeno social de los desamparados se hizo más notorio. Sin embargo, “hoy ya los consideramos parte del paisaje urbano, es decir, se han vuelto a invisibilizar”.

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