A ocho años de Ayotzinapa, continúa la lucha contra la impunidad

Foto: Doryan Alvarez/Cencos 

 

Desinformémonos

A 8 años de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, en México, las familias continúan su marcha por Justicia. Continúan las irregularidades en la impartición de justicia, se cancelan órdenes de detención, aumentan las absoluciones y la extradición de Tomás Zerón de Lucio, prófugo en Israel, aún no se hace efectiva.

La tragedia de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa parece no tener fin. Las promesas del presidente Andrés Manuel López Obrador para hacer justicia y encontrarlos no han tenido cumplimiento. A 8 años de los hechos aún no hay información certera sobre su paradero.
Este 26 de septiembre se cumplieron 8 años de aquella noche terrible de 2014, cuando 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, fueron desaparecidos mientras realizaban una colecta en la ciudad de Iguala. Los autobuses en los que viajaban fueron interceptados y baleados por policías y gente armada vestida de civil, ante la presencia de fuerzas militares. Varios muchachos y transeúntes fueron asesinados y desde entonces no se sabe cuál fue el destino de los 43 estudiantes detenidos-desaparecidos.

[…] 

La investigación por la Verdad está a cargo del Grupo Interdisciplinario de Expertos y Expertas Independientes (GIEI), quienes en marzo de presente año dieron a conocer su tercer informe donde presentaron pruebas sobre la operación de coordinación de los tres niveles de gobierno para ocultar las responsabilidades de militares, policías y funcionarios. Numerosos documentos mostraron los actos de espionaje, manipulación de pruebas y datos que sirvieron para elaborar y sostener la versión de los hechos que se conoció como “Verdad Histórica”. Dicha versión construida y difundida por la administración del expresidente Enrique Peña Nieto, sostuvo que los estudiantes fueron desaparecidos, asesinados y quemados por miembros del crimen organizado, deslindando así toda responsabilidad de participación de policías militares y elementos de los tres niveles de gobierno.

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#8M2022: Cientos de mujeres marchan en la CDMX por una vida libre de violencia

Cencos

Cientos de mujeres marcharon este martes 8 de marzo en la Ciudad de México para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. La marcha partió del Ángel de la Independencia y avanzó hasta llegar al Zócalo. Con consignas como “¡Mujer escucha, esta es tu lucha!”, ¡Ni una más, ni una más, ni una asesinada más” y “Señor, señora no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”, las mujeres protestaron para exigir justicia para las víctimas de feminicidio y desaparición, así como una vida libre de violencia.

Durante la marcha, tanto la Red Rompe el Miedo como la Brigada Humanitaria de Paz Marabunta documentaron violaciones al protocolo de actuación en protestas por parte de los cuerpos policiacos, con el uso de gas lacrimógeno, gas pimienta, cohetones, extintores y palos de metal contra manifestantes.

Fotos: Doryan Álvarez/Cencos

Espacio cívico y la demanda de justicia en México en tiempos de pandemia

Erika Díaz/Cencos

Cuando se enfrenta una situación de pandemia mundial se genera un contexto de miedo e incertidumbre, pero, ¿qué sucede cuando en un país donde hay múltiples violaciones de derechos humanos se reducen los espacios para pedir justicia?

Desde hace casi dos años vimos cómo un virus fue capaz de transformar el mundo entero, de forzarnos a adaptarnos a un nuevo estilo de vida y adoptar varias acciones para frenar su propagación. Pero eso no fue lo único que cambió.

En México se establecieron diferentes medidas sanitarias, entre ellas estar en cuarentena, suspender algunas labores, incluyendo las del personal del Poder Judicial, y reducir los espacios de reunión social. Así, el COVID-19 no sólo se convirtió en una amenaza para nuestras vidas, sino que también para las demandas de justicia ante violaciones de derechos humanos. Como mencionó en un comunicado el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, “la pandemia de COVID-19 es una emergencia de salud pública, pero es mucho más. Es una crisis económica. Una crisis social. Y una crisis humana que se está convirtiendo rápidamente en una crisis de derechos humanos.”1

Una de las consecuencia de las normas y prácticas impuestas por el gobierno mexicano frente a la pandemia fue la reducción de espacios cívicos -espacios donde se garantiza la participación ciudadana, la organización de la sociedad civil y la ciudadanía para buscar un cambio social y tener la posibilidad de evaluar la eficacia de los sistemas políticos, junto con la elaboración y aplicación de políticas-. Esto significó una limitación a determinados derechos, como a la libertad de asociación, de reunión pacífica e incluso a la libertad de expresión, poniendo en peligro la participación y la democracia en el país.

Y si bien las acciones para proteger la salud pública son necesarias, también puede llegar a existir el riesgo de que sean utilizadas de manera abusiva y se conviertan en medidas represivas. El Monitor Tracking Civic Space de la organización CIVICUS, ha reportado que únicamente el 3.1% de la población mundial vive en países con un espacio cívico abierto2; por su parte, México es catalogado como un país represivo. Un ejemplo de ello es la represión contra estudiantes de la Escuela Normal Rural Mactumactzá, quienes en mayo de 2021 se manifestaban en la Caseta de Chiapa de Corzo para demandar mejoras educativas y fueron desalojados con uso de fuerza, dejando un saldo de 95 personas detenidas y denuncias de por lo menos 54 personas desaparecidas3. O incluso el hecho de que en diciembre de 2021 la Cámara de Senadores aprobó la reforma al artículo 533 de la Ley de Vías Generales de Comunicación, la cual de acuerdo con el Espacio OSC para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas y el Frente por la Libertad de Expresión y la Protesta Social (FLEPS) “permitirá el incremento de actos de violencia institucional en contextos de manifestaciones, demostrando nuevamente la intención de inhibir el ejercicio de libertades esenciales para una sociedad democrática por parte del Estado mexicano, tal como ha ocurrido en los años 2020 y 2021, en el que organizaciones integrantes del FLEPS documentaron actos de represión y estigmatización de las autoridades en sus distintos niveles en contra de manifestantes y personas defensoras de derechos humanos como lo han sido colectivos feministas así como personas defensoras de tierra y territorio.”4

A pesar de esta situación, las personas continuaron alzando la voz, demostrando una vez más el poder que tiene el derecho a la manifestación y la libertad de expresión. De las calles a plataformas digitales y redes sociales, los movimientos, marchas y protestas en México encontraron un nuevo medio para hacerse escuchar. Así, la población se adaptó a las nuevas necesidades y con ello fue capaz de seguir exigiendo justicia y respeto a sus derechos, manifestándose con el Macro Evento Digital Vivan las Mujeres para enfrentar la impunidad en los feminicidios, con la XLIII Marcha del Orgullo LGBT de la CDMX Digital para mostrar apoyo a la comunidad LGBTIQ+, y con con el Concierto Virtual 9N para recordar la represión que hubo de la protesta feminista en Cancún en 2020, entre otros.

Poco a poco, en los países se han ido reanudando las actividades y las personas han vuelto a las calles para comunicar exigencias urgentes sobre las violencias que se viven en el país, como aquellas relacionadas con recordarle al Estado su papel frente al caso de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa y las más de 90 mil personas desaparecidas que hay en México, o con las agresiones que enfrentan periodistas y medios de comunicación día a día.

Sin embargo, la realidad es que en México la protesta social es estigmatizada y criminalizada por los tres niveles de gobierno, lo que ha generado que incluso en un contexto de pandemia las personas manifestantes sigan siendo objeto de abusos y castigos desproporcionados. Según lo documentado por el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, las movilizaciones  y en especial el movimiento feminista que había cobrado fuerza e importancia en los últimos años, fueron detenidas con las medidas sanitarias y cuando se comenzaron a activar de nuevo, tuvieron una respuesta policial desproporcionada y violenta. Con represiones, detenciones arbitrarias, encapsulamientos, desapariciones e incluso penas de prisión, como es el caso de la defensora indígena Kenia Inés Hernandez, quien en octubre de 2020 fue detenida arbitrariamente sin orden judicial y el pasado mes de febrero fue sentenciada a más de 10 años de prisión a base de cargos fabricados en su contra como represalia por su trabajo de defensa de los derechos humanos, se ha dejado en claro que en el país el uso del espacio cívico es peligroso y altamente castigado.

Así entonces, resulta necesario asegurarnos de que las respuestas ante esta o cualquier pandemia se aborden adecuadamente y de que el gobierno mantenga una transparencia en cuanto a su actuación, pero sobre todo habría que garantizar el espacio cívico abierto donde participen de manera segura personas defensoras de derechos humanos, organizaciones de la sociedad civil, periodistas, medios de comunicación y la sociedad en general, pues son indispensables tanto para construir y fortalecer mecanismos de diálogo y políticas encaminadas a respetar los derechos de todas las personas, como para consolidar que no exista retroceso ni restricción alguna en el ejercicio de derechos.

 

Hoy más que nunca es imprescindible que las voces de las personas sean escuchadas.

 

 

1 António Guterres, “Retroceso en los derechos humanos por pandemia es inaceptable: Guterres”, Naciones Unidas Derechos Humanos Oficina del Alto Comisionado América Central Oficina Regional, http://www.oacnudh.org/retroceso-en-los-derechos-humanos-por-pandemia-es-inaceptable-guterres/

2 CIVICUS, “Monitor Tracking Civic Space”, CIVICUS, https://monitor.civicus.org/quickfacts/

3 Comisión Nacional de los Derechos Humanos, ”Comunicado de prensa DGC/140/2021 Dirección General de Comunicación”, CNDH, https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/documentos/2021-05/COM_2021_140.pdf

4 FLEPS, “Organizaciones lamentan la aprobación de la reforma a la Ley de Vías Generales de Comunicación que criminaliza e inhibe el derecho a la protesta social”, FLEPS, https://libertadyprotesta.org/wp-content/uploads/2021/12/FLEPS_Comunicado-vs-aprobacion-criminalizacion-A19-PC.pdf

Acceso efectivo a la justicia, uno de los grandes desafíos de México

Imagen tomada de Desinformémonos

 

Pedro Rendón/Desinformémonos

Uno de los grandes desafíos que tiene México es el acceso efectivo a la justicia, principalmente para las personas de escasos recursos económicos que no cuentan con dinero suficiente para pagar un abogado y que deben recurrir a las defensorías públicas, que no están bien estructuradas, dijo el Dr. Mario Cruz Martínez, académico del Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Desde una visión de los derechos humanos, el acceso a la justicia implica que cualquier persona tenga la posibilidad “de acudir a un tribunal y de activar la maquinaria judicial”, algo que muchas y muchos mexicanos no pueden hacer por pobreza, falta de información o ausencia de una cultura de la legalidad, ya que “en México no estamos acostumbrados a hacer efectivos nuestros derechos”.

Otros factores que imposibilitan el acceso a la justicia son: la agresividad que sienten las y los ciudadanos por parte del funcionariado de los juzgados y ministerios públicos; la desconfianza para sentirse apoyados por parte de los y las policías; y la falta de profesionalización y excesiva carga de trabajo en las agencias del ministerio público.

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11 años de la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas: muchas promesas, cero justicia

Foto: Benjamín Flores/Proceso

Las familias de las personas migrantes asesinadas hace 11 años en San Fernando, Tamaulipas, se preguntan cómo es que un país como México, que a la lejanía pareciera fuerte y sólido en sus instituciones, no les ha respondido.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).– El desgaste se nota, se siente. Duele e indigna. Hay una sensación de que los gobiernos han sabido cómo “administrar” la tragedia, cómo “procurar” la burocratización de la justicia. Las víctimas están cansadas, están frustradas, están molestas. Las familias de las personas migrantes asesinadas hace 11 años en San Fernando, Tamaulipas, se preguntan cómo es que un país como México, que a la lejanía pareciera fuerte y sólido en sus instituciones, no les ha respondido. 11 años tocando puertas, tratando de explicar cuál ha sido el camino de lucha y dolor. Once años yendo de allá para acá. Después de 11 años pareciera que están en el mismo lugar.

Desde hace algunos años, las familias de los 72 migrantes que acompaña la Fundación para la Justicia se reunían con autoridades mexicanas –Secretaría de Relaciones Exteriores, Secretaría de Gobernación, Fiscalía General de la República, Fiscalía de Tamaulipas– para exigir justicia, verdad y reparación, alrededor del cumplimiento de la Recomendación emitida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). El año pasado, cuando se cumplieron 10 años, estas reuniones fueron virtuales y el encuentro con autoridades y otros actores terminó con una lista de acuerdos que parecían esperanzadores, pero nada pasó. Casi nada se cumplió.

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Llama ONU-DH a lograr justicia y memoria a 50 años del ‘halconazo’

Foto: Paco Ignacio Taibo II/La Jornada

 

Redacción/La Jornada

Ciudad de México. El representante de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) en México, Guillermo Fernández-Maldonado, recordó la masacre del Jueves de Corpus, que tuvo lugar un día como hoy en 1971 en la Ciudad de México. Destacó que esta fecha convoca a reafirmar las exigencias de justicia, memoria, verdad y reparación por lo ocurrido, aun cuando hayan pasado 50 años.

“Este episodio de violencia se conjugó con los trágicos sucesos del 2 de octubre en Tlatelolco en 1968 y marcó el inicio de una época denominada como Guerra Sucia. El llamado Halconazo es un recordatorio de las fallas del Estado al responder a movimientos opositores al régimen de esa época que denunciaban violaciones a los derechos humanos, empleando la desaparición forzada, la tortura y la ejecución extrajudicial como estrategias para erradicarlos. Estos crímenes hoy continúan en la impunidad; tras cinco décadas, las víctimas y sus familiares continúan buscando justicia”, dijo.

Indicó que reconocer las graves violaciones cometidas en el pasado es uno de los pasos más importantes para garantizar el derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación de las víctimas y sus familiares. Otro paso fundamental, dijo, es que hechos como el del 10 de junio de 1971 nunca más vuelvan a ocurrir.

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Confinamiento incrementó vulnerabilidad de familiares de personas desaparecidas: estudio

Gloria Leticia Díaz/Proceso

Foto: Juan Carlos Cruz/Proceso

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El confinamiento por la pandemia de covid-19 incrementó la situación de vulnerabilidad de familiares de personas desaparecidas, dificultó sus acciones de búsqueda en vida y en fosas clandestinas, y ha frenado las actividades colectivas para exigir justicia, verdad y reparación del daño.

Así lo revela una encuesta en la que participaron 674 familiares de víctimas de desaparición de 19 entidades del país, realizada del 20 al 24 de mayo por las organizaciones sociales Idheas Litigio Estratégico en Derechos Humanos y Observatorio Ciudadano sobre Derechos de las Víctimas, apoyadas por la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH).

El estudio –presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)– revela la escasa atención gubernamental en tiempos de la pandemia para los familiares de personas desaparecidas, que hasta diciembre del año pasado sumaban más de 61 mil, además de 37 mil cuerpos sin identificar bajo resguardo de instalaciones forenses.

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Tres años sin Miroslava Breach

Imagen de Miroslava Breach a la entrada del centro de justicia penal federal de Chihuahua, donde se llevó a cabo el juicio oral entre el 16 de febrero y 18 de marzo de 2020. Foto: Cencos/Erik Salinas

El juicio contra el hasta ahora único culpable del asesinato de la periodista Miroslava Breach, concluyó el pasado 18 de marzo con una sentencia condenatoria. La pena que deberá cumplir en prisión se conocería el 20 de abril. La Fiscalía solicita 70 años de cárcel.

Desde el inicio, la Fiscalía Especializada en Delitos Contra la Libertad de Expresión (FEADLE) al igual que las organizaciones acompañantes del caso perseguían un mismo objetivo: la culpabilidad del sentenciado. Con el fallo condenatorio se escala un primer peldaño en la consecución de justicia. Aún queda un largo camino por recorrer, pues como declaró Rosa María Breach, hermana de Miroslava, en conferencia de prensa en CENCOS, “este fallo judicial es una esperanza; tenemos claro que una verdadera justicia no lo es hasta que se ponga en la balanza de la ley a todos los involucrados, sean estos del crimen organizado o de la cúpula del gobierno”.

A lo largo de las cuatro semanas que duró el juicio declararon más de 60 testigos, entre familiares, periodistas, políticos panistas, analistas, policías de investigación, agentes ministeriales y el Fiscal General del estado. “El hecho de tener una sentencia condenatoria el día de hoy va a generar también un impacto importante dentro del expediente para poder ir avanzando hacia los otros niveles de participación que se generaron en el crimen”, precisa el titular de la FEADLE, Ricardo Sánchez Pérez del Pozo, en entrevista a CENCOS.  

Aunque no era la primera vez que Miroslava Breach recibía amenazas, estas aumentaron a partir de un artículo publicado el 4 de marzo de 2016 en La Jornada titulado “Impone el crimen organizado candidatos a ediles en Chihuahua”. En él detallaba la imposición de candidatos a puestos de elección popular de bandas rivales del crimen organizado (La Línea y Los Salazar) en la sierra de Chihuahua.

Titulares de la prensa local durante el juicio. Foto: Cencos/Erik Salinas

La FEADLE y Propuesta Cívica —organización que brinda asesoría legal a la familia de Miroslava— solicitaron al juez que tuviera en cuenta dos aspectos clave a la hora de dictar sentencia: la perspectiva de libertad de expresión y de género. “Demostramos en el juicio cómo, previo al asesinato, Miroslava fue víctima de persecución y víctima de acoso; cómo los victimarios la espiaron en su domicilio, la siguieron en todas sus actividades cotidianas. Quisimos que eso fuera tomado en cuenta porque desgraciadamente las violencias se recrudecen cuando se trata de mujeres periodistas”, explica Sara Mendiola, directora de Propuesta Cívica, en entrevista a CENCOS.

Miroslava publicó varios artículos en los que denunció saqueos, abusos, miedo y colocación de políticos al gusto de narcotraficantes. “Silencio es complicidad” era su lema. Una mujer que no rebela fuentes y que no desdice lo dicho crea, al menos, confusión en una población como Chínipas, donde el grupo delincuencial Los Salazar imparte su ley desde hace, al menos, 20 años.

No en vano el crimen de Miroslava abrió preocupantes zonas de silencio en Chihuahua y en todo el país. “Quienes mataron a Miroslava Breach de alguna forma lograron su cometido, que fue silenciar a aquellos reporteros que se atrevían a denunciar. Por eso este juicio puede ser un gran precedente para dar un mensaje contrario: que no se puede callar a un periodista, que es posible acabar con la impunidad”, asegura Balbina Flores, representante de Reporteros sin Fronteras en México, en entrevista a CENCOS.  

Jan-Albert Hootsen, representante del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) y uno de los observadores del juicio, lo resume en una sola frase, en entrevista a CENCOS: “Justicia incompleta es impunidad total”. Por eso, cuando se trata de libertad de expresión en México, tanto el caso de Miroslava como el del reportero sinaloense Javier Valdez, asesinado en mayo de 2017, son calificados como “emblemáticos”; en otras palabras, deberían ser ejemplo de justicia, verdad y reparación integrales. Aunque, en realidad, la verdadera conquista sería que nunca más se repitieran.

Sentencian a 14 años de prisión al “Koala”, uno de los implicados en el asesinato de Javier Valdez

Por Redacción Animal Político

Heriberto Picos Barraza aceptó su responsabilidad en el homicidio del periodista y fundador del semanario Ríodoce, ocurrido en mayo de 2017.
Foto: Cencos

Heriberto Picos Barraza, alias el “Koala”, fue sentenciado a 14 años y 8 meses de prisión, tras aceptar su responsabilidad en el homicidio del periodista Javier Valdez.

Según pruebas presentadas por la fiscalía especial, el “Koala” es coautor material del homicidio de Valdez Cárdenas, ocurrido en mayo de 2017.

Picos Barraza cometió el asesinato en complicidad con Juan Francisco “N”, alias el “Quillo”, y Luis Idelfonso “N”,  alias el Diablo, quienes interceptaron al periodista y huyeron después del crimen.

La organización Reporteros Sin Fronteras destacó que esta es la primera sentencia en el caso de un periodista asesinado en México bajo el nuevo sistema penal acusatorio, en un juicio conducido por la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE).

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México rechaza “vía rápida” para hacer justicia por Odebrecht

Imagen tomada de Proceso

Andrea Cardenas/ Quinto Elemento Lab/ Proceso 

CIUDAD DE MÉXICO.– Han pasado 32 meses desde que los directivos de Odebrecht confesaron haber dado sobornos y realizado prácticas corruptas en México y otras naciones de Latinoamérica. La compañía brasileña ha enviado al menos dos cartas a los fiscales mexicanos para agilizar la investigación y llevar a los presuntos inculpados ante los tribunales, pero México se ha negado a recibir la cooperación de la empresa, de acuerdo con una investigación de Quinto Elemento Lab.

A diferencia de México, desde diciembre de 2016 ocho naciones sí aceptaron la ayuda directa de Odebrecht, lo que les ha permitido avanzar con más velocidad en la integración de los casos, las detenciones y los encarcelamientos. En México, hasta ahora solo hay un funcionario públicamente señalado: el exdirector de Pemex Emilio Lozoya Austin, quien está prófugo de la justicia, y no existe hasta hoy ninguna persona procesada por la trama de corrupción desencadenada por el conglomerado brasileño.

Desde que salió a la luz el escándalo de los sobornos, Odebrecht ha negociado acuerdos con los países donde es investigada a cambio de reducir las sanciones y continuar sus operaciones comerciales. Además de pagar una multa por el daño causado, la empresa debe confesar sus delitos y entregar pruebas y evidencias. Cuando eso sucede, las autoridades que aceptan la colaboración de la compañía se comprometen a no presentar cargos por las conductas confesadas que ya tuvieron castigo o que están bajo investigación en Brasil.

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