#NayaritNosNecesita: En estos centros de acopio puedes ayudar a afectados por Willa

Redacción/Animal Político

El paso del huracán Willa por Nayarit dejó aproximadamente 180 mil damnificados.

Facebook: Gobierno del Estado de Nayarit (@GobNay)

El paso del huracán Willa por Nayarit dejó aproximadamente 180 mil damnificados, de los cuales 100 mil tuvieron pérdidas totales, de acuerdo con datos del gobierno del estado.

Los municipios más afectados son: Huajicori, Acaponeta, Tecuala, Ruiz Rosamorada, Tuxpan y El Nayar.

Los Sandovales es una comunidad nayarita que prácticamente desapareció del mapa al quedar sus casas enterradas por toneladas de lodo que arrastró a su paso el desbordamiento del Río Acaponeta, hoy parece un pueblo fantasma donde deambulan algunos de sus habitantes sin rumbo y sin esperanza.

El estado ya presentó los trámites para que se emitiera la Declaratoria de Desastre Natural y así poder obtener los apoyos económicos para enfrentar la contingencia.

Para ayudar a la población de Nayarit el gobierno de la entidad activó una cuenta para recibir donaciones y apoyar a los damnificados. Si tú quieres ayudar puedes hacerlo en la cuenta de la Secretaría de Administración y Finanzas en la sucursal 7013, cuenta 7129 de Banamex.

Si estás en la Ciudad de México puedes llevar tu donativo al centro de acopio ubicado en Coyoacán, en Plaza Centenario, justo a un costado de la parroquia Don Juan Bautista.

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Sedatu debe responder qué pasó con apoyos para reconstrucción en Chiapas: Juez

Redacción / Animal Político / Notimex

Foto: Especial

Por vulnerar los derechos humanos de petición y a una vivienda digna y decorosa, un juzgado federal llamó al delegado de la Sedatu en Chiapas dar respuesta puntual a una quejosa que solicitó la reconstrucción de su casa, afectada por el sismo de 8.2 de magnitud del 7 de septiembre de 2017.

El Consejo de la Judicatura Federal informó que el juez Juan Marcos Dávila Rangel, titular del Juzgado 1 de Distrito de Amparo y Juicios Federales en el Estado de Chiapas, resolvió así el amparo 712/2018.

Con base en ello, ordenó al delegado de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) responder de manera congruente, completa, inmediata y, sobre todo, fundada y motivada sobre el estado que guarda el trámite realizado por la quejosa, para que reciba el apoyo para la reconstrucción.

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Comisión de la Verdad y mejor utilización de los recursos, piden damnificados del 19S

Por Redacción/Animal Político

El gobierno de la ciudad no puede invertir 60 millones de pesos en un memorial “cuando todavía no hay una reparación digna e integral” para los damnificados del 19S, reclaman organizaciones y afectados, quienes propusieron en su lugar una reconstrucción segura centrada en las personas y no en los inmuebles.

Un grupo de organizaciones y activistas sociales propusieron a la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI) la creación de un memorial “donde se informe la verdad que investigaciones ciudadanas y experiencias vecinales arrojan” sobre la situación de los damnificados tras el sismo del 19 de septiembre, además de la instauración de una Comisión de la Verdad 19S que “garantice un debido proceso y respete los derechos humanos de las personas afectadas”.

Esta propuesta se da luego de que el pasado 28 de abril la Seduvi lanzara una convocatoria para convertir el espacio que antes ocupaba el inmueble de Álvaro Obregón 286 en un “memorial” para honrar a las víctimas del sismo de magnitud 7.1 que sacudió el centro y sur del país el pasado 19 de septiembre. Para este proyecto, el gobierno de Ciudad de México destinará un presupuesto de 60 millones de pesos.

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Las organizaciones consideran que tal cantidad de dinero no puede invertirse en un proyecto como el memorial propuesto por la SEDUVI, “cuando todavía no hay una reparación digna e integral” para las personas damnificadas.

“No queremos un monumento que dé carpetazo al #19s, queremos #NuestroMemorial19S que abra la verdad, apoye la reconstrucción segura y dé atención a los afectados, recuerde dignamente y que nos ayude a prevenir otra emergencia”, plantean las organizaciones.

Por esta razón proponen un memorial distinto al planteado por la SEDUVI, con el acompañamiento de las personas afectadas para escuchar sus experiencias y necesidades, y con base en ellas crear estrategias que les ayuden a superar la situación que atraviesan.

También proponen la instauración de una #ComisiónDeLaVerdad19S conformada por “personas afectadas por el sismo, expertos en las ciencias y disciplinas que intervienen en la planeación de la Ciudad y las autoridades correspondientes. Así como organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación interesados para comenzar un proceso de memoria, verdad y justicia”.

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¿Y las donaciones, y nuestros derechos? Damnificados protestan a 6 meses del 19S

Foto: Twitter @ianpoetico

Por Redacción/Animal Político

Con pancartas que dicen “¿En dónde están las donaciones, el Fonden y nuestros derechos?”, vecinos del Multifamiliar Tlalpan, donde se derrumbó un edificio por el temblor, protestaron este lunes.

Damnificados por el sismo del pasado 19 de septiembre realizaron diferentes actos de protesta este lunes en la Ciudad de México, para exigir que se informe dónde está el dinero destinado para acciones de reconstrucción, y para que se continúen las investigaciones sobre las denuncias de edificios defectuosos o dañados.

En el cruce del Viaducto Miguel Alemán y avenida Cuauhtémoc, ciudadanos afectados guardaron un minuto de silencio a las 13:14 horas, y pidieron a las autoridades capitalinas que no se olviden de ellos y les den solución con los trabajos de demolición, y que la reconstrucción continúe, pues hay familias que todavía viven en campamentos.

Con pancartas que dicen “El sismo 19-s nos derribó, pero hoy seguimos de pie” y “¿En dónde están las donaciones, el Fonden y nuestros derechos? ¡No a los créditos!”, vecinos del Multifamiliar Tlalpan, donde se derrumbó un edificio por el temblor, protestaron por la falta de diálogo con el gobierno capitalino.

Los damnificados del Multifamiliar realizaron bloqueos sobre calzada de Tlalpan, en exigencia de atención por parte de las autoridades.

En avenida Pacífico 223, donde se encuentra un edificio acordonado, vecinos señalaron que las 41 familias que vivían en esos departamentos continúan sin certeza sobre el estado del inmueble, y si podrán continuar habitándolo.

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Sedatu censa y da folios a damnificados por sismo en Chiapas, pero luego los olvida: no han recibido ayuda

Por Redacción/Animal Político

“Seguimos esperando, esperando, pero el problema es que muchas familias están durmiendo en galeras, bajo los árboles, en casas de familiares”, relató uno de los damnificados del sismo del 7 de septiembre, que no ha recibido la ayuda que le prometieron las autoridades.

María Manuel Piña, de 61 años, aún recuerda el momento en que el sismo del 7 de septiembre pasado le cambió la vida en su pueblo natal, Paredón, Chiapas. Ese día estaba cocinando y el piso de cantera saltó como si la tierra lo escupiera. Pudo resguardarse en un rincón de la cocina, pero las paredes se casi se vinieron abajo.

La casa que ocupaba una esquina en la calle, tuvo pérdida total. Los escombros fueron removidos y ahora sólo es un terreno con maleza, con un destartalado letrero puesto por la Secretaría de Desarrollo Agrario y Territorial (Sedatu) en el que se ven las fotografías del antes y después de su casa, a la que asignaron el folio 000957. Con ese numero, le dijeron, la dependencia regresaría para otorgarle una ayuda económica para reconstruir el inmueble.

Mientras camina por el terreno, esquivando las piedras con sus sandalias negras de plástico, María cuenta que funcionarios de Sedatu acudieron al pueblo a hacer el censo el 13 de septiembre. “Vinieron, le tomaron una foto, y me dijeron ‘tenga este papel, lo va a guardar porque le va a venir una ayuda porque esta casa ya no sirve. Se la van a tirar toda para que le hagan su casita”.

Cinco meses después, esa promesa no se cumplió. Ninguna ayuda le ha llegado.

Ningún funcionario regresó y después de un mes, su hijo habló a la Ciudad de México para preguntar por qué la ayuda había tardado tanto. La única respuesta fue que el folio no aparecía en el sistema. Luego, en diciembre, acudió a las oficinas de la Sedatu en Tuxtla Gutiérrez y le dijeron que el folio “ya no servía”, y no había más que hacer porque no habría otro censo ni más ayuda para damnificados. “Es inútil que insistan”, le dijeron.

Pero el caso de María no es el único con esta falta de ayuda y se agudiza en un poblado como Paredón, ubicado en el municipio de Tonalá, Chiapas, donde siete de cada 10 viviendas tuvo alguna afectación.

Después de no encontrar respuesta, Víctor Zavala, hijo de María, se fue enterando que él y su madre no eran los únicos que habían perdido sus casas, que tenían folio y no habían recibido ayuda. Por eso se le ocurrió llamar a una reunión en el pueblo con todos aquellos en esa situación.

Al encuentro llegaron 65 familias, más de las que había conocido sólo de oídas. Se le ocurrió hacer un censo ciudadano. Hizo una lista con los nombres y un archivo con los datos de cada uno: copia de la credencial de elector, las fotografías de sus casas, y el número de folio que le había asignado la Sedatu.

Hizo esto sólo por cuestión de organización, esperando que en algún momento puedan conseguir algún encuentro con funcionarios públicos, y se enteren de esta situación.

“Seguimos esperando, esperando, pero el problema es que muchas familias están durmiendo en galeras, bajo los árboles, en casas de familiares. Van a venir las aguas y vamos a estar en más problemas”, dice Víctor.

El presidente Enrique Peña Nieto acudió a Paredón el 31 de octubre de 2017para entregar las primeras casas reconstruidas con recursos del Fonden, y en su discurso dijo que “lo que más me gusta es ver el ánimo de ustedes echado para adelante, no derrotados, no abatidos y dispuestos a seguir con este proceso de reconstrucción”.

Aunque había damnificados que aún no recibían ninguna ayuda durante el evento, “nos recomendaron no gritarle nada al presidente, no hacer ninguna manifestación, nos dijeron ‘sí les va a llegar su folio, aguántense, espérense’ y nadie hizo escándalo. Pensamos que iba a dar respuesta, pero no la tuvimos”.

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Los damnificados de Jojutla aún esperan la ayuda que EPN les ofreció hace un mes

Recorrido de EPN en JoJutla. Foto: Facebook Enrique Peña Nieto

Por Redacción/Animal Político

Un día después del sismo del 19 de septiembre, el presidente Enrique Peña Nieto acudió a Jojutla, el municipio más afectado de Morelos, para prometer que la ayuda para los damnificados comenzaría a “fluir, a partir de saber exactamente cuáles fueron las viviendas afectadas”. Un mes y una semana después de esta promesa, sin embargo, las familias que perdieron sus hogares, y que fueron incluidas en el censo de afectados, aún esperan la ayuda para emprender la reconstrucción.

“Me traen agua, despensas, ropa –explica doña María del Pilar Páez, sentada ante el predio, hoy baldío, donde antes se levantaba su casa–, pero la ayuda que según dicen que van a dar (para la reconstrucción) dicen que va para largo, que será para el otro año” cuando llegue, sin certeza alguna de la fecha.

Doña María del Pilar y su esposo, Raymundo Hernández, se protegen del intenso sol de Morelos bajo la sombra de un árbol, mientras sus nietos juegan a hacer castillos con la arena que quedó de su casa demolida.

La familia Hernández Páez consta de diez integrantes, seis de ellos niños y niñas, que luego de que su casa se viniera abajo hallaron refugio bajo un par de casas de campaña, y techumbres armadas con lona plástica, materiales que, subraya María del Pilar, fueron donados por la comunidad judía mexicana, no por las autoridades.

Sobre una de estas casas de campaña, la más próxima a lo que era la fachada de su vivienda, esta familia colocó un cartón con sus apellidos y su número postal.

“Para poder levantar esta casa, mi esposo trabajó toda su vida –dice María del Pilar–, hemos vivido 46 años juntos, y ese es el tiempo en que se formó la casa. Y con el sismo quedó toda cuarteada, y vinieron a derrumbarla… casi toda la colonia desapareció”.

En la colonia Emiliano Zapata, de Jojutla, efectivamente, cada cuadra tiene al menos dos casas derrumbadas.

“Nos dicen que las lonas se van a empezar a deshacer en poco tiempo, por el calor –lamenta don Raymundo–, y no tenemos seguridad de las casas, sabrá dios cómo vayamos a pasarla más adelante. Ahorita nos regalaron una estufita, aunque no tenemos cómo comprar un tanquecito, porque no tenemos dinero”.

Los dos hijos de María del Pilar y Raymundo son empleados del ingenio Emiliano Zapata, ubicado en este municipio, sin embargo, a raíz de los daños que esta misma plana azucarera sufrió durante el sismo, “no hay ni trabajo (…) mucha gente de la colonia trabaja en el ingenio, y no saben cuándo van a volver (a trabajar)”.

Dos cuadras más adelante, aún dentro de la colonia Emiliano Zapata, una anciana se resguarda también del sol, bajo la sombra que forma la cornisa de una casa, a punto de venirse abajo.

“Yo me llamo Josefa Romero Fernández –explica la mujer, del otro lado de la cinta roja que rodea su vivienda–. Esta es mi casa, y lo que pasa es que la van a tirar, porque está bien colapsada”.

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Empezar de cero: El sismo les arrebató el patrimonio de toda una vida

Por Redacción/Animal político

Vecinos de los edificios dañados por el sismo en Canal de Miramontes viven en la incertidumbre de no saber si sus casas serán derrumbadas.

La señora Remedios González iba a empezar a cocinar cuando, a la 1:14 de la tarde, el edificio de cuatro plantas en el que llevaba viviendo más de 30 años comenzó a estremecerse ante los impactos de un sismo de intensidad 7.1.

“Yo viví también el sismo del 85”, cuenta la mujer de 56 años. “Pero aunque aquel fue más demoledor, este se me hizo larguísimo. Todo a mi alrededor salió disparado. Los vasos, los platos, la cubertería, todo”.

Tras algo más de un minuto “eterno”, la tierra dejó de temblar, y aparentemente regresó la normalidad. Remedios tomó su celular y se dispuso a salir del inmueble, ubicado en el número 3010 de Canal de Miramontes. Pero ya cuando bajaba por las escaleras, la mujer se percató que aquel no había sido un sismo como muchos de los que el edificio había soportado con solvencia, incluido el del pasado 7 de septiembre, cuando otro potente temblor de 8.2 puso a prueba la resistencia de la ciudad.

Ya en la primera planta del edificio, Remedios entró en shock. A sus pies, grandes trozos de concreto le dificultaban el paso, y a uno y otro lado varias paredes tenían enormes boquetes que dejaban a la vista el interior de los departamentos de sus vecinos.

Aun así, Remedios relata que se resistía a creer que estaba ante un desastre que, a unas pocas cuadras de su casa, ya había provocado la muerte de ocho personas tras el derrumbe de un bloque de departamentos en el fraccionamiento Los Girasoles II, además de graves daños en otros inmuebles como el suyo.

“Cuando bajé si vi muchos daños fuertes en el edificio, pero pensé que en un rato nos permitirían regresar por nuestras cosas”, dice encogiendo los hombros. “Nunca se me pasó por la cabeza que ya no volvería a entrar a mi casa. Que la iba a perder para siempre”.

“Mi patrimonio de 30 años de trabajo se quedó atorado en el edificio”

Desde el pasado 19 de septiembre, Remedios y otras 24 familias del edificio 3010 están “alojados” en el estacionamiento de un centro comercial, donde con la ayuda de ciudadanos voluntarios se instaló un centro de acopio para damnificados.

No es que vivan ahí, precisan los vecinos afectados, sino con amigos y familiares que les brindaron sus casas mientras dure la crisis. Pero estar todos debajo del toldo instalado en un rincón del estacionamiento los mantiene unidos como una sola familia, subraya María Magdalena Austrich, otra vecina.

Sobre todo desde hace apenas un par de días, cuando un dictamen técnico ya les confirmó dos cosas terribles: una, que su edificio tiene que ser demolido. Y dos, que su estructura quedó tan dañada que ni siquiera se les permite el acceso para sacar sus documentos básicos, ni pertenencias de ningún tipo.

“Todo mi patrimonio de más de 30 años de trabajo se quedó atorado ahí adentro”, dice Remedios, que señala con la barbilla en dirección al edificio para luego explicar que es viuda desde hace 15 años, y que tiene una hija de 22 que le pregunta a diario qué es lo que van a hacer ahora.

“No nos quedó absolutamente nada. El día del sismo mi hija salió para sus clases con la ropa que llevaba para ese día. Pero su laptop, todos sus libros, su ropa, todo se le quedó en el departamento. Ahora todo está perdido y nosotros mismos vamos a tener que ir reponiendo ese patrimonio. Vamos a tener que empezar de cero”.

Verónica Domínguez, otra vecina, no estaba en el edificio al momento del temblor. Pero cuando consiguió regresar y reunirse con sus hijos en el camellón de la avenida Miramontes, rápido comprendió que sus vidas acaban de cambiar drásticamente.

“Cuando vimos los hoyos enormes en la fachada de mi departamento, entendimos que, literalmente, nos habíamos quedado en la calle, sin nada”, se lamenta.

Ahora, Verónica trata de recuperar su tranquilidad y la de sus hijos. Y aunque admite que es consciente de la gravedad de la situación en la que están, les ha prometido que conseguirán otro hogar.

“Ya se hicieron a la idea de que no vamos a poder pasar al departamento, y de que vamos a empezar realmente de cero”.
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¿Dónde voy a vivir? La preocupación de los damnificados que permanecen en albergues

Por Redacción/Sin embargo

La preocupación principal de quienes perdieron su vivienda es cuánto tiempo pasarán en el albergue y si volverán a tener un hogar.

Quince días después del sismo, cientos de personas que perdieron su vivienda viven en la incertidumbre. Quienes continúan en albergues así resumen su situación:“estamos en la lona”, “no sabemos qué pasará con el edificio”, “solicito un crédito para vivienda”.

María Elena Morales, de 64 años, era conserje de un edificio en VéVértiz y Viaducto que resultó con daños severos y fue desalojado por personal de Protección Civil. Desde el 21 de septiembre abandonó el cuarto que fue su hogar durante 32 años y ahora vive en el albergue de la delegación Benito Juárez junto con más de 200 personas.
“No sé si se arregla el edificio o no, no sé si voy a poder regresar”, dice María Eugenia, que trabajaba también como empleada doméstica. En la última semana le han llamado para hacer servicios, pero dice que no quiere salir del albergue por mucho tiempo, pues quiere estar ahí cuando hagan censo de quiénes serán beneficiarios de algún programa de vivienda.

“Yo le pido al presidente, a alguna autoridad que se me dé la oportunidad de un crédito para una vivienda para mi nieta y yo”, dice.

El chaleco oscuro y el suéter de cuello de tortuga que usa son parte de las donaciones que ha recibido en estos quince días, en los que no le ha faltado techo y comida, pero su preocupación es el futuro: ¿dónde vivirá?

Fue al Instituto de Vivienda del Distrito Federal (INVI), ahí le dijeron que debía registrarse en la página de internet, aunque ella no sepa manejar una computadora.

Aunque María Elena conoce el programa de ayuda para renta del gobierno capitalino, no le parece buena opción porque “no quiero que me la regalen, quiero que me den la oportunidad de tener una vivienda e irla pagando”.

Asegura que la han tratado bien en el albergue, incluso, la ayuda psicológica y las terapias de acupuntura le han servido en los últimos días. Sin embargo, nada se compara con tener un hogar, por más humilde que fuese.

Al albergue han llegado hasta 400 personas a pasar la noche. Todos duermen en colchones colocados en el espacio que hasta antes del 19 de septiembre era usado para juegos de basquetbol y prácticas de gimnasia.

El área habilitada como comedor tiene una docena de mesas de plástico y bancos de colores donadas por un voluntarios. La comida la llevan ya lista para servir en los horarios establecidos para el desayuno, comida y cena.

Aunque María Elena tiene tres hijos de 45, 44, y 34 años, cada uno “ya hizo su vida”. Uno de ellos, incluso, vive en Cuernavaca y su casa también resultó dañada. Los otros dos viven con más familia, por lo que ella se niega a mudarse con ellos.
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