Invitación a conferencia de prensa: Jornada cultural #25N “Sin miedo, ni silencio”

CENCOS

En el marco del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, hacemos la invitación a la jornada cultural “Sin miedo, ni silencio”.

  • El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, un día para concienciar y erradicar la violencia de género. Sin embargo, a pesar de su relevancia esta fecha no cuenta con la misma visibilidad social y mediática que el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
  • Buscamos contribuir con la difusión del #25N y visibilizar cómo la violencia de género se manifiesta de formas múltiples, interrelacionadas y persistentes, atravesando diversos ámbitos.
  • Durante la conferencia, se hablará sobre las diferentes violencias que viven las mujeres en México, haciendo especial énfasis en violencias sexuales, mujeres con discapacidad, y la situación que viven periodistas y defensoras de derechos humanos. También daremos a conocer las actividades que habrá durante la jornada cultural.

Participan:

  • Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS) – Violencia contra defensoras de derechos humanos
  • Comunicación e Información de la mujer (CIMAC) – Abordaje mediático del feminicidio y la violencia contra periodistas
  • La Cadera de Eva – Esterilización forzada contra mujeres con discapacidad
  • Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México (DDESER) – Violencias sexuales contra niñas y adolescentes

Convoca: CENCOS, CIMAC, DDESER, La Cadera de Eva

Fecha y hora: Viernes 21 de noviembre, 11:00 hrs

Lugar: Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS), ubicado en Medellín 33, Col. Roma Norte

Presencial y transmisión en vivo por Facebook y YouTube: Centro Nacional de Comunicación Social

Para mayores informes comunicarse con Francisco Barrón Trejo a Cencos a los tels. 55336475 / 76, ext. 104

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100 años de Pepe

Cencos

Este micrositio es un homenaje al fundador del Centro Nacional de Comunicación Social, José Álvarez Icaza Manero (Pepe como le decían cariñosamente quienes lo conocían). Quien dedicó su vida a fortalecer, promover y defender los derechos humanos en México a través de la libertad de expresión.

Pepe Álvarez Icaza persona visionaria y comprometida, cuyo legado continúa inspirando a nuestra organización y a quienes trabajamos por un mundo más justo y equitativo. A través de esta página, queremos honrar su memoria y celebrar su vida y logros, compartiendo su historia y su impacto en nuestra comunidad.

¡Les invitamos a conocer la vida y legado de Pepe!

La autoridad universitaria es la primera que pone obstáculos para que no se denuncie violencia de género: Tribunal Universitario

Redacción/Desinformémonos

Foto: Alumnas de la Facultad de Filosofía y Letras en Ciudad Universitaria mantienen tomadas las instalaciones ante la inacción de directivos y autoridades del plantel para atender la violencia de género | Cuartoscuro

Sobre la violencia de género en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “la autoridad universitaria es la primera que pone una serie de obstáculos para que no se denuncie”, aseguró el presidente del Tribunal Universitario (TU), Eduardo López Betancourt, quien detalló que 80 por ciento de los 354 expedientes que llegaron en 2019 a ese organismo independiente fue por acoso y violencia contra las mujeres.

“Estimo que apenas se denuncian 10 por ciento de los casos, porque las mujeres temen a las represalias o las convencen de no hacerlo”, añadió López Betancourt, quien aseguró que en las escuelas y facultades de la UNAM hay directores “que hacen arreglos con los maestros para interferir en las denuncias”.

De acuerdo con el presidente del TU, no hay organismos fuertes para la protección de los derechos universitarios ni para sancionar a los responsables, lo cual se refleja en el bajo apoyo a las denunciantes. “Nosotros, por ejemplo, somos un tribunal de fantasía. El Tribunal Universitario carece de los medios, y de las condiciones materiales y humanas para parar este problema.

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#NahuatzenLibre: en defensa de la autonomía y por la libertad de los presos políticos

La comunidad de Nahuatzen se encuentra ubicada en la meseta purépecha del estado de Michoacán. Desde el año 2015 inició un proceso de construcción de autonomía como pueblo indígena y recientemente consiguió el reconocimiento del Consejo Ciudadano Indígena de Nahuatzen (CCIN) como la autoridad responsable para el ejercicio del presupuesto que corresponde a su comunidad, bajo el juicio ciudadano TEEM-JDC- 035/2017, resuelto por el Tribunal Electoral del Estado de Michoacán. Por tanto, el CCIN fue reconocido como autoridad indígena.

A partir de ese momento comenzó un proceso de gestión de gobierno encabezado por cuatro representantes de cada uno de los cuatro barrios que integran la comunidad. Así, el Consejo Ciudadano Indígena de gobierno de Nahuatzen ha sido clave para el cuidado del bosque, su reforestación, la promoción del deporte y una amplia gama de obra pública.

Este ejercicio del derecho a la libre determinación no ha sido bien recibido por el actual presidente municipal, David Otlica, quien desde el momento en el que entró en funciones, implementó una ofensiva para impedir que el consejo pueda continuar con sus labores.

Es así que el 1 de noviembre de 2018 el director de análisis y desarrollo político Noel García Cancinos citó en una reunión a las 17:00, en la comunidad de Huecorio, al Concejo y ayuntamiento para buscar un convenio de paz duradera. Ese mismo día al atardecer policías municipales contratados por el ayuntamiento golpearon al chofer de recolección de basura y por la tarde balacearon a un compañero en la salida a Arantepacua. La situación escaló el 7 de noviembre, cuando una comisión del Concejo fue citada por el gobierno del estado para dialogar sobre la utilización de lo que habían sido las oficinas del ayuntamiento y que desde 2015 se utilizaron como la Casa Comunal. En dicha negociación, el grupo que iba en representación del ayuntamiento aprovechó el retiro de los representantes del gobierno del estado para secuestrar por 12 horas a la comisión del Consejo. En este contexto de amenaza el CCIN aceptó abandonar la Casa Comunal hasta que una autoridad competente pudiera determinar qué autoridad podría ocupar el espacio.

Días después, el domingo 11 de noviembre, fue detenido en Morelia José Gerardo Talavera Pineda, quien rentó la casa en la que el Concejo había decidido operar temporalmente; al día siguiente fue detenido el concejal José Luis Jiménez Meza a las orillas de la comunidad y dos días después, el concejal José Antonio Arreola Jiménez. Las detenciones estuvieron a cargo de la policía de investigación y se realizaron con violencia, particularmente la detención de Antonio ocurrió en su casa y sus hijos pequeños fueron encañonados y amenazados por parte de los policías. De acuerdo con información proporcionada por los mismos presos, los primeros días que estuvieron encarcelados fueron golpeados durante las noches por personas desconocidas.

La comunidad purépecha de Nahuatzen estamos convencidos de que luchar por nuestra libre determinación es luchar por nuestros bosques, por nuestra comunidad y por nuestras vidas. Somos un pueblo pacífico y apostamos al diálogo como un instrumento que nos permita resolver los conflictos que podamos tener con el gobierno municipal o con el gobierno estatal.

Desde esta tribuna emplazamos al gobierno del estado para que cese la represión y el hostigamiento contra el Consejo Ciudadano Indígena de Gobierno y que acepte nuestra propuesta de diálogo para encontrar alternativas que nos permitan ejercer nuestros derechos en plenitud, así como vivir en paz en nuestra comunidad. Exigimos la cancelación de las órdenes de aprehensión y la libertad inmediata de nuestros compañeros presos injustamente; las razones que los mantienen encarcelados son razones políticas inaceptables en un estado democrático de derecho.

Concejo Ciudadano Indígena de Nahuatzen

Facebook Concejo Ciudadano Indígena de Nahuatzen

Conferencia de prensa: 1 de febrero

El Concejo Ciudadano Indígena de Nahuatzen dio una conferencia de prensa en la Ciudad de México, en la que hizo público el llamado al gobierno de Michoacán y al federal de intervenir para detener el conflicto y que cese el hostigamiento. Lee el boletín de prensa. 

Puedes ver la conferencia completa aquí:

No me quiero morir en la cárcel

Marcela Méndez/Cencos

El 15 de junio de 2007 Dominga González Martínez fue detenida por decenas de policías, acusada de homicidio junto con otros cinco integrantes de la comunidad indígena de San Pedro Tlanixco, ubicada en el Estado de México. Una década después, el 27 de noviembre de 2017, recibió su sentencia: la pena máxima, 50 años de prisión.

Ese día Dominga caminó a su celda en el penal de Santiaguito, municipio de Almoloya, decidió recostarse y dormir. De pronto abrió los ojos –eran las cuatro de la mañana– y pensó: “50 años de prisión, quieren que me muera aquí”. Entonces, sentó su cuerpo de casi sesenta años de edad y pensó que únicamente tenía dos opciones: derrotarse o salir adelante. Lo que ahora se repetía era un rotundo “no me quiero morir en la cárcel”, y por eso sigue luchando para salir.

Junto con otros cinco indígenas nahuas– Pedro Sánchez Berriozábal, Lorenzo Sánchez Berriozábal, Teófilo Pérez González, Marco Antonio Pérez González y Rómulo Arias Mireles– Dominga es considerada presa política, ya que fue encarcelada como consecuencia de su defensa por el agua en San Pedro Tlanixco.

Desde hace casi 40 años esta comunidad indígena mantiene un conflicto por el uso del agua con floricultores de la región; con el argumento de que la flor necesita agua de calidad y no “contaminada por indígenas”, este sector empresarial pretendió despojar a la comunidad del río que atraviesa las tierras de Tlanixco, el cual ancestral e históricamente ha sido utilizado para el consumo humano.

La criminalización contra este movimiento en defensa del agua alcanzó su punto máximo cuando sus seis líderes más visibles fueron acusados de homicidio y encarcelados, luego de que en abril de 2003 doce personas entraran a Tlanixco de forma inesperada y una serie de eventos culminara en la muerte del empresario floricultor Alejandro Isaak Basso.

Desde el momento de su detención –pasando por los más de 10 años en prisión preventiva, y la recepción de la sentencia– la y los defensores, acompañados de sus familias, luchan por su libertad.

Imagen: captura de video ONUDHMexico

Tras analizar el caso, la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) expresó su preocupación por la falta de garantías al debido proceso en el juicio contra la y los defensores. Además, aseguró que las violaciones al debido proceso pueden entenderse como una criminalización de los defensores indígenas, ya que se constata una inadecuada aplicación de la justicia.

La ONU-DH señala que, en primer lugar, no se respetó la presunción de inocencia, ya que la carga de la prueba recayó en la y los acusados, quienes fueron responsabilizados de demostrar que no cometieron los delitos que se les imputan. La ONU-DH argumenta que, según el marco del derecho internacional de los derechos humanos, es el ente acusador quien debe probar que ocurrieron los hechos, así como la responsabilidad del acusado; y que además se debe garantizar que no se presuma la culpabilidad, a menos que la acusación se haya demostrado fuera de toda duda razonable.

En segundo lugar, la ONU-DH sostiene que el pilar de la sentencia está basado en testimonios; sin embargo, refiere que “ninguno de los testigos de cargo habría estado presente en el momento de la muerte del señor Isaak Basso, como admiten sus primeras declaraciones, en las que incluso mencionan que se enteraron de la muerte del señor Isaak Basso tiempo después, cuando ya no estaban en Tlanixco”.

Según el mismo organismo, la credibilidad de los testimonios también se ve socavada por incluir señalamientos contra personas que no podían estar en el lugar de los hechos: Benito Álvarez fue señalado como una de las tres personas que sujetó de los brazos a Isaak Bazo, pero él demostró que en ese momento se encontraba dando clases en Toluca; se aseguró que Venancio Zetina estuvo presente, pero el falleció mucho antes de los hechos; finalmente, se dijo que Faustino Trujillo pateó al occiso, “algo inverosímil, ya que se trata de una persona con discapacidad que se movía en silla de ruedas”.  

La ONU-DH también externó su preocupación ya que a todos los acusados se les atribuye “igual grado de responsabilidad… sin que se expliquen los motivos por los cuales se les aplicó a todos la pena máxima de 50 años” y por la duración de la prisión preventiva, ya que estuvieron más de 10 años encarcelados y sin sentencia.

En noviembre de 2018, en un hecho inédito, diez expertos y relatores especiales de la ONU externaron al Estado mexicano su preocupación en relación con este caso, y señalan que el juicio se habría visto afectado por varias irregularidades.

Marco Antonio Lara Duque, director del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero y abogado de cinco los presos, hizo hincapié en que el Estado mexicano tardó más de un año y medio para encontrar un traductor que acompañara la defensa de la y los indígenas nahuas acusados. También sostiene que la sentencia es racista: el juez no reconoce a los acusados como indígenas, “insinúa en su redacción que no lo son del todo porque estudiaron (fueron a la primaria y secundaria), salvo Dominga”, comenta Lara Duque.

El 7 de diciembre, en el “Foro por la defensa del agua y por lxs seis de Tlanixco”, familiares de la y los presos políticos explicaron cómo fueron detenidos los defensores: “No iban judiciales a la casa exacta, sacaban a la gente alrededor de donde vivimos; no sabían a quién iban a traer, era una cacería de brujas”, narra Tomasa Pérez, hermana de Marco Antonio.

Foto: Marcela Méndez

“Fue una represión a nuestros familiares, para que como pueblo no nos organicemos, porque al gobierno le conviene tenernos con miedo”, complementa.

A Dominga, cuenta su hija, se la llevaron 100 judiciales: “rodearon la casa de mis abuelitos… mi mamá tenía dos días de que la operaron”.

Ellas: madres, hermanas, hijas, coinciden en que todos estos años han sido un infierno, pues la cárcel ha sido también para todos los miembros de la familia: para los hijos que han crecido sin padres, para las madres que se convirtieron en el único sustento de la familia; también reiteraron que seguirán luchando y exigieron a las autoridades y en particular al nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la libertad de Dominga, Pedro, Lorenzo, Teófilo, Marco Antonio y Rómulo.

La lucha de los pobladores del Istmo de Tehuantepec ante las empresas eólicas

Redacción/Cencos

El viento dominante en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, en el suroeste de México, es lo que en las últimas dos décadas ha atraído la mirada e inversión de empresas extranjeras dedicadas a la producción de energía con recursos renovables, pero también ha propiciado que las comunidades de esta región del país emprendan una lucha jurídica en defensa de sus tierras.

El Istmo de Tehuantepec se ha convertido en los últimos 20 años en la principal generadora de energía eólica en México, a la par que las comunidades de la zona luchan por mejores condiciones de vida para sus pobladores.

Foto: Jorge Ulloa

Los pobladores aseguran que no están en contra de este tipo de proyectos, pero sí de que se instalen sin que se garantice el derecho que tienen a una consulta previa, libre e informada, y el derecho a determinar el tipo de desarrollo que quieren; además de que no se tomen en cuenta consideraciones para proteger el medio ambiente.

Los megaproyectos eólicos han llegado a la región con la promesa de progreso, pero para los habitantes –quienes no cuentan con servicios básicos de educación y salud– éste no llega.

En la comunidad de San Dionisio del Mar, que en 2010 tenía una población total de 5 mil 098 habitantes, de los cuales 2 mil 559 estaban en pobreza extrema, el pueblo se organizó para luchar contra la instalación de un parque eólico de la empresa Mareña Renovables. El megaproyecto consistía en más de 100 aerogeneradores, que serían instalados en la laguna de Santa Teresa, afectando el principal medio de subsistencia de la región: la pesca.

“El mar es nuestra madre, es nuestro banco, porque de ella dependemos, porque de acá comemos. No es posible que venga un extranjero e instale sus aerogeneradores, contaminando nuestro mar, contaminando nuestra madre, y nos dejan sin trabajo, sin alimento”, explicó en este documental Aquilino Altamirano, habitante de San Dionisio del Mar.

Foto: Jorge Ulloa

En 2012 los pobladores obtuvieron un amparo que revocó la instalación de este megaproyecto, y a seis años continúan en resistencia. Durante este tiempo, los huaves han defendido no sólo su fuente de trabajo y alimentación, sino también su cultura; la adquisición de territorios para estos megaproyectos destruye también el conocimiento de la medicina prehispánica, que durante siglos han practicado sus antepasados.

Los pobladores de este municipio también denuncian que este proyecto se instalaría no sólo sin su consentimiento, sino con prácticas corruptas y falta de transparencia; las comunidades que defienden la tierra y el territorio ante los proyectos eólicos aseguran que no sólo son las empresas las que violan sus derechos, también los gobiernos municipales, estatal y federal.

En el Istmo de Tehuantepec otras comunidades indígenas se han organizado en contra de la instalación de megaproyectos, defienden su derecho a la tierra, territorio y bienes naturales; al consentimiento libre, previo e informado, a la consulta libre, previa e informada, a la libre determinación y a un medio ambiente sano; pero en su lucha se han enfrentado a ataques e intimidaciones.

Las y los defensores comunitarios son en México una de las poblaciones más vulnerables; en esta región, a pesar de haber detenido el proyecto, continúan organizados y en oposición a las eólicas, ya que consideran que persiste el riesgo de ser despojados de su tierra, y luchan no sólo por protegerla en el presente, sino por las generaciones que vienen.

Foto: Jorge Ulloa

Comunidades mayas continúan su lucha contra los transgénicos en la península de Yucatán

Redacción: Marcela Méndez | Video: Jorge Ulloa y Marco Aguilar | Fotografía: Viridiana Ramírez

En su casa ubicada en Hopelchén, Campeche –un municipio con cerca de 40 mil habitantes– Luciano Cablé Puc recuerda que hace unos años la apicultura era una actividad más redituable. Con 12 cajitas de abejas, él y su padre llegaban a producir hasta 300 kilos de miel, pero ahora, con la misma cantidad, lo máximo que obtiene son 100.

La apicultura, que por generaciones ha sido una de las principales actividades económicas para las comunidades mayas de la península de Yucatán, ha disminuido por el uso de agroquímicos y la deforestación que trajo consigo la siembra de soya transgénica en la región, misma que se introdujo sin el conocimiento de los pobladores.

Fue en 2012 cuando la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) concedió –con el aval de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)– a la empresa trasnacional Monstanto un permiso para la siembra en etapa comercial de soya genéticamente modificada.

En 253 mil hectáreas en Campeche, Yucatán, Quintana Roo, Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz y Chiapas se podía sembrar, pero la autorización violaba varios derechos reconocidos a los pueblos originarios, como el de la libre determinación y el de la consulta previa, libre e informada.

Tampoco consideraba que el uso de glifosato –herbicida asociado con este tipo de siembra y que ha sido clasificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”– podría tener repercusiones importantes en el agua, ni se estudió la coexistencia de la soya transgénica con las abejas, explica Eduardo Batllori, actual secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (Seduma) en Yucatán.

“Este tipo de siembra beneficia sólo a los empresarios”, aseguran integrantes de las comunidades mayas, quienes en los últimos años han visto cómo su medio ambiente y sus medios de subsistencia se van deteriorando. Denuncian contaminación en el agua, deforestación y la disminución de la actividad apícola como consecuencia del uso excesivo de agroquímicos.

“Ya no hay floración y no hay comida, no hay néctar para la abeja… a veces fumigan hasta con aviones y todo, acaban con la abeja. Cuando vas a tu apiario ves que toda la abeja está muerta. ¿Qué lo está matando, qué lo está matando?”, explica Luciano.

El Estado y Monsanto litigaron contra las comunidades

Las comunidades indígenas no recibieron ningún tipo de información sobre la autorización de siembra y mucho menos fueron consultadas; se enteraron de que en estas tierras había soya genéticamente modificada cuando un cargamento de miel fue rechazado en Europa por estar contaminado.

“Fue cuando se dio a conocer a nivel regional que la miel que se exporta a Europa, principalmente a Alemania, iba a tener que ser etiquetada si contenía elementos transgénicos”, asegura Irma Gómez, asesora del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes.

Ante el permiso, las y los apicultores y algunas autoridades mayas comenzaron a organizarse y decidieron ampararse, con lo que iniciaron una lucha contra una de las empresas más poderosas en el mundo. Argumentaron que esta autorización era violatoria de la constitución y de tratados internacionales, ya que no se estableció un mecanismo de diálogo con ellas y ellos para que conocieran las implicaciones del proyecto y decidieran si éste era compatible con su visión cultural y con su proyecto de desarrollo.

En un primer momento, explica el abogado Jorge Fernández, de la organización Indignación A.C., las comunidades de Hopelchén, Campeche obtuvieron del juzgado segundo de distrito una suspensión de oficio: el juez determinó que, dados los riesgos que podrían derivarse de la siembra de soya transgénica, el permiso tendría que ser suspendido mientras se resolvía el juicio de amparo.

Después, el mismo juez determinó que, en efecto, fueron violados el derecho a la consulta y al principio precautorio, “porque se estaba estableciendo una medida tecnológica –la siembra de un transgen– cuyos efectos no se había acreditado que no causaran daño al medio ambiente”.

Pero Monsanto, la empresa trasnacional con más solicitudes de liberación para cultivos transgénicos en México (379 de un total de 853 entre 2007 y agosto de 2017, según el estudio “Treinta años de transgénicos en México”), impugnó esa sentencia junto con el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), y el caso llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

“El 2015 la SCJN nos otorga una sentencia donde queda prohibida la siembra de soya transgénica hasta que no se nos haga una consulta a las comunidades”, segura Leydy Pech, integrante del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes.

Se confirma el amparo favorable a las comunidades que habían impugnado el permiso “pero con un matiz importante y, desde nuestra perspectiva, bastante grave:  reconoce que hubo violación a la consulta previa, pero no entra al estudio de todos los impactos potenciales que la siembra de soya genéticamente modificada iba causar en el medio ambiente”, explica Fernández.

La resolución de la Suprema Corte no fue respetada, de acuerdo con Pech, “hasta 2017, aun cuando estaban suspendidos los permisos, hubo siembra de soya transgénica, pero esa soya que se sembró está dentro de la ilegalidad”.

Irma Gómez añade que los registros oficiales de Sagarpa no distinguen entre soya convencional y soya genéticamente modificada, pero que los productores afirman que, por lo menos de lo que se sembró en 2017, la mayor parte fue soya transgénica: “el año pasado se sembraron 48 mil hectáreas, cuando en 2016 fueron poco más de 20 mil, 25 mil máximo; prácticamente se duplicó la cantidad de soya en el municipio”.

La consulta tampoco se ha respetado: “La Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem) y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), facultados para llevar todo el proceso de la consulta la han violentado porque han tratado de dividirnos a las comunidades, las han confrontado y eso no es de buena fe… la consulta tampoco es vinculante: en realidad se está haciendo una consulta donde no se reconocen las decisiones de las comunidades, es un derecho que está siendo violado”, asegura Leydy Pech.

Para Jorge Fernández la lucha de los pueblos mayas en contra de la siembra transgénica tiene una importancia legal y política, ya que comunidades “que generalmente han estado en una situación de discriminación, que generalmente litigan o se relacionan con el Estado en una situación de inequidad histórica, de discriminación, lograron llegar hasta el máximo tribunal para reclamar una política de Estado que además beneficiaba a una de las empresas más poderosas del mundo y más denunciadas a nivel mundial, como es Monsanto”.

Al mismo tiempo, permitió visibilizar las limitaciones del sistema de justicia, pues la Corte reconoció de manera limitada un derecho, que es el derecho a la consulta: “todavía no tenemos una Suprema Corte o tribunales que reconozcan de manera plena el derecho a la libre determinación, que es un tema de cómo las comunidades quieren o visibilizan su  proyecto de vida y su proyecto de desarrollo”, explica.

“Por esta tierra sí vale la pena seguir luchando”

Según estudios realizados en Hopelchén, entre 2000 y 2013 se perdieron 60 mil hectáreas de selvas, lo que equivale a 12% del territorio municipal. Este incremento de la deforestación está relacionado con la llegada, a finales de la década de los ochenta, de pobladores que provenían de otros estados, como Durango y Zacatecas, y que decidieron establecerse en la península para cultivar esas tierras.

Los menonitas, explica Irma Gómez, llegaron porque había una gran disponibilidad de tierra: no eran ejidos, como ahora, sino terrenos nacionales; se han establecido en tierras que son de su propiedad.

Esta comunidad demanda mucha tierra.

El gobernador menonita Pedro Woelke llegó a Hopelchén cuando tenía apenas 15 años. En Zacatecas la gente ya no tenía tierra, cuenta, por lo que su papá propuso que si se mudaban a Campeche le regalaría, a cada uno de sus hijos, 10 hectáreas de tierra.  Ahora Woelke, que siembra soya, sorgo e incluso papaya, tiene 100 hectáreas, y lamenta la prohibición de la soya transgénica, porque esa aguantaba más las condiciones climáticas, y porque desde 2015 tiene que batallar con otro tipo de semillas.

Él ha estado presente en reuniones con las comunidades mayas, y asegura que trabajadores de Sagarpa les han dicho que llegará un momento en que se libere la semilla como estaba antes, genéticamente modificada.

Frente a este panorama, miembros de las comunidades insisten en que está en las manos del gobierno frenar los daños al medio ambiente, tanto la contaminación del agua, como los daños a las abejas y otras especies animales, y la deforestación; sin embargo, denuncian que no hay un monitoreo adecuado y que tampoco hay castigo.

Piden que se apliquen las leyes para frenar la devastación al medio ambiente.

En medio del bosque, don Feliciano, apicultor maya e integrante del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes, camina y habla de los árboles que le rodean y de la defensa que continúa para las comunidades: “Por esta tierra sí vale, vale la pena seguir luchando para que no se siga destruyendo por los hombres que vienen a destruir aquí nuestro territorio, porque el gobierno no hace nada, no para todos esos problemas cuando está a su alcance, porque creemos que él es el que debe de poner mano dura en eso, pero vemos que no es así”.

La Ley de Seguridad Interior no se ajusta a estándares internacionales: ACNUDH

Por Redacción/Proceso

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Zeid Ra’ad Al Hussein, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), manifestó serias preocupaciones por la crisis humanitaria que atraviesa México al rendir su informe anual ante el Consejo de Derechos Humanos, en el marco del 37 periodo de sesiones llevado a cabo en Ginebra, Suiza.

El funcionario de la ONU, quien visitó México en octubre de 2016, expresó sus preocupaciones sobre la Ley de Seguridad Interior (LSI) y la ausencia de una Fiscalía General de la República independiente, entre otros temas.

Sobre la LSI, Al Hussein centró sus temores en que la legislación “autoriza el uso de las fuerzas armadas en actividades de seguridad sin las adecuadas garantías ni supervisión”.

Además, dicha ley “no se ajusta a los estándares internacionales de derechos humanos”, sentenció Al Hussein en su discurso ante representantes de los Estados parte.

El ACNUDH compartió la inquietud de organizaciones civiles en México por falta de autonomía del órgano de procuración de justicia del Estado, por lo que llamó a “crear una Fiscalía General de la República efectiva e independiente”.

Otro tema del que se ocupó el comisionado en su discurso fue el de la situación de los migrantes centroamericanos que atraviesan México para llegar a Estados Unidos, huyendo de la pobreza y la violencia en sus países de origen.

“Me preocupa que la sistemática detención de migrantes y su regreso expedito se ha convertido en regla general, socavando seriamente las garantías del debido proceso y el principio de la no devolución”, apuntó Al Hussein.

El comisionado celebró la promulgación de las leyes generales contra la tortura, en junio de 2017, y contra la desaparición forzada en enero pasado, y resaltó la disposición de su oficina en México para “asistir a las autoridades para asegurar su pronta y efectiva implementación, con una plena participación de la sociedad civil y de las víctimas”.

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