100 años de Pepe

Cencos

Este micrositio es un homenaje al fundador del Centro Nacional de Comunicación Social, José Álvarez Icaza Manero (Pepe como le decían cariñosamente quienes lo conocían). Quien dedicó su vida a fortalecer, promover y defender los derechos humanos en México a través de la libertad de expresión.

Pepe Álvarez Icaza persona visionaria y comprometida, cuyo legado continúa inspirando a nuestra organización y a quienes trabajamos por un mundo más justo y equitativo. A través de esta página, queremos honrar su memoria y celebrar su vida y logros, compartiendo su historia y su impacto en nuestra comunidad.

¡Les invitamos a conocer la vida y legado de Pepe!

Carta de Pilar Noriega García

PEPE
Pilar Noriega García

Mi recuerdo sobre Pepe es inseparable de CENCOS (claro y Luzma), que tuvo desde sus inicios una clara visión de reivindicación de la justicia social al denunciar y difundir desde su inicio la represión a los sectores más marginados de la sociedad, para no errar tendré que decir que “me parece” que fue la primera organización de la sociedad civil dedicada a la defensa de los derechos humanos, si no me equivoco a mediados de los sesenta ya se había constituido como asociación civil, años antes de la reforma política de 1977 que dio lugar a la participación abierta y legal de partidos de izquierda y progresistas, lo que provocó también el surgimiento y proliferación de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos.

Entre su origen religioso y la inexistencia del término “derechos humanos” en su denominación, se excluyó a CENCOS durante unos años como organización de derechos humanos; pero no nos confundamos, a los defensores de derechos humanos “se les conoce sobre todo por lo que hacen, y la mejor forma de explicar lo que son consiste en describir sus actividades [ …] no siempre se considera a sus miembros defensores de los derechos humanos, y ellos mismos pueden no utilizar la expresión “derechos humanos” al describir su trabajo …” 1

El primer punto de reunión que conocí para la denuncia, para conferencias y reuniones fue CENCOS.

Y bueno, si debo contar una anécdota será cuando en una reunión en el auditorio de CENCOS me quedé dormida, me desperté, a los pocos minutos hice una participación y Pepe me contestó: si Pilar, así es, pero ese tema lo vimos en el punto anterior cuando tú estabas dormida.

1 ONU. Oficina de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos, consulta del 19 de febrero de 2021 en https://www.ohchr.org/sp/issues/srhrdefenders/pages/defender.aspx

Carta de Rocío Olivares Diaz

ANECDOTARIO EN TORNO A JOSÉ ÁLVAREZ ICAZA MANERO EN CENCOS

Rocío Olivares Diaz
Ciudad de México a 14 de Marzo de 2021

Iba a cumplir 18 años cuando le dije a mi papá, Miguel Olivares Ramos que deseaba trabajar para ganar mi propio dinero.Me dijo que un amigo de él, el Ing. José Álvarez Icaza tenía un trabajo para mí en el Centro de Comunicación Social mejor conocido como CENCOS. A.C.

Llegué a CENCOS pensando que me iba a encontrar con el clásico patrón que tenía en mi cabeza y que de oídas había escuchado decir que los patrones son de carácter fuerte y mandones. Cual sería mi sorpresa que al conocer al Ingeniero al que muchos le decían por su nombre y de cariño le llamaban Pepe, me encontré con un hombre tierno, simpático y de muy buen humor y el cual todas las mañanas lo veía subir por las escaleras, que conducían a la recepción del Centro, con su portafolio y saludándonos a su secretaria, Ángeles Cervantes y a mí, con un agradable “buenos días” y con una sonrisa que iluminaba su cara de alegría.

Se dirigía a la Sala de Juntas que se encontraba a un costado de la recepción y se sentaba a revisar todos y cada uno de los periódicos nacionales y locales, además de otras publicaciones diarias que llegaban al Centro, incluyendo la revista semanal “Proceso”, ya que los viernes mandaba su colaboración al periódico “El Universal”.

Al poco tiempo de estar trabajando en CENCOS un día me llamó a la Sala de Juntas y me dijo que de ese día en adelante sería la responsable del Centro de Documentación de CENCOS a donde recaían un sinnúmero de publicaciones que llegaban diariamente de varios países de Latinoamérica, como Colombia, Cuba, Argentina ; de Estados Unidos de Norteamérica; de Europa y hasta de la República Árabe de Saharaui Democrática, de África, por citar algunos países.

Llegaban periódicos, revistas, boletines y todo tipo de información impresa en el ámbito de política, religión y sociedad.Pepe la revisaba y me la proporcionaba diariamente para que la organizara y guardara en el Centro de Documentación.

Trabajaba en Cencos por las mañanas y a la una de la tarde salía para dirigirme al CCH-Naucalpan ya que cursaba el último año de Educación Media Superior.Nunca, ni Luzma, su esposa, ni Pepe fiscalizaron mi horario de entrada ni de salida.

Así pasó algún tiempo y de pronto Pepe me dijo: ¿Qué te parece que de la información que llega diariamente al Centro me hagas un resumen puntual sobre los acontecimientos nacionales e internacionales en torno al acontecer político, religioso y social?. De esa manera me introdujo al mundo de las comunicaciones y aprendí a redactar y resumir las ideas más relevantes de las publicaciones , revistas y periódicos que revisaba a diario.

En CENCOS se armaba y publicaba mensualmente la revista “Iglesias”, la cual como su nombre lo indica contenía información eclesial relevante de México y el mundo. Fue en esta revista donde Pepe abrió un apartado de noticias relevantes donde se incluía el resumen con el cual yo colaboraba.

Poco tiempo después Pepe me propuso que escribiera un artículo semanal en un periódico local sobre diversos temas de interés nacional. Así fui perfeccionando mis contribuciones y me sentía muy orgullosa al ver publicados mis artículos en dicho diario.

Si bien es cierto no seguí mi instrucción profesional en el ámbito de las comunicaciones, pues decidí estudiar la carrera de Psicología, reconozco que mi práctica en resumir y redactar, me facilitaron notablemente el escribir mi tesis profesional.

Hoy por hoy reconozco y valoro que gracias a Pepe y a CENCOS mi nivel de redacción es óptimo para poder escribir cualquier documento, articulo, lo cual hoy me está siendo útil para escribir el libro que actualmente desarrollo.

Indudablemente entre los agradecimientos que tendrá la publicación de este libro estará el nombre de José Álvarez Icaza Manero.

Carta de Rodolfo Torres Velázquez

A la memoria de José Álvarez Icaza

Rodolfo Torres Velázquez
11 de abril de 2021

El pasado 21 de marzo se cumplieron 100 años del nacimiento de José Álvarez Icaza Manero, un hombre bueno, a quien tuve la fortuna de conocer en el Partido Mexicano de los Trabajadores, cuando corría el inicio de la década de 1980.

En aquel entonces, Pepe conducía los esfuerzos del Centro Nacional de Comunicación Social, AC (Cencos), organización que él y Luz María Longoria (su inseparable compañera) habían fundado, el 23 de junio de 1964, en la Ciudad de México. Cencos se alojaba en un viejo inmueble de la calle de Medellín, en el número 33, en la colonia Roma. Se trataba de una organización sui generis -que, para entonces, ya contaba con 20 años de vida-, daba voz a organizaciones populares que no encontraban canales de expresión en la presa, la radio y la televisión convencionales. Sus oficinas eran un espacio de recepción imprescindible para integrantes de movimientos de campesinos, de trabajadores y de colonos que buscaban ser escuchados.

Antes de ello, Pepe había transitado por un largo desierto que había templado sus convicciones. En sus años de juventud, había pertenecido a una organización religiosa de ultraderecha: el Movimiento Familiar Cristiano, del que se separó para pasar al bando de la izquierda, quizá impulsado por la portentosa fuerza de coherencia enarbolada por la Teología de la Liberación. A pesar de ese difícil tránsito que le significó, sin duda, muy altos costos patrimoniales, personales y familiares, Pepe se mantuvo, hasta el final de sus días, en organizaciones políticas de izquierda.

Pepe fue una persona generosa. Con motivo de los sismos del 19 de septiembre de 1985, Pepe ofreció un cálido cobijo, en Cencos, a las costureras damnificadas. Tengo fresca la memoria de su paciencia ante la invasión de sus espacios por muchos meses. La sala de juntas en el primer piso y el pequeño auditorio de la planta baja fueron ocupados por las costureras para fabricar aquellas históricas muñecas de trapo diseñadas por destacados y solidarios artistas mexicanos, entre ellos el recientemente fallecido Vicente Rojo.

Ese sismo también provocó el derrumbe de las oficinas del PMT ubicadas en el número 20 de la calle de Bucareli. Para que pudiese continuar la operación del Partido, Pepe cedió un inmueble de su propiedad que se ubicaba en Viaducto Río de la Piedad, casi en la esquina de la calle de Monterrey. Ese edificio dio albergue al PMT hasta su desaparición, tras la fusión que dio origen al Partido Mexicano Socialista.

Otros recuerdos de Pepe permanecen vívidos en la memoria. Como el de aquella ocasión en que el PMT nos comisionó, a él y a otros asiduos militantes, para acompañar a un grupo de indígenas campesinos de la Huasteca Hidalguense a una asamblea ejidal para que retomasen los cargos de los que habían sido injustamente despojados, como dirigentes del Comisariado Ejidal. Viajábamos en tres vehículos, acompañados por los compañeros que pretendían retomar sus cargos. Al paso por cada comunidad, con rumbo a la asamblea, la caravana crecía; se sumaban más y más campesinos. En el trayecto, la caravana fue rodeada por un grupo armado. Eran las llamadas guardias blancas, grupos de criminales a sueldo de los terratenientes que se oponían a que el comisariado ejidal volviese a manos de sus legítimos dirigentes. En un primer asalto, las guardias blancas intentaron bajar a los campesinos que viajaban en los vehículos. Lo impidió un grupo muy nutrido de mujeres indígenas que, aunque menudas, superaron en valentía y resolución a sus agresores. En un segundo asalto, los criminales terminaron por bajarnos de los vehículos a quienes íbamos de acompañantes. Tan pronto bajaron a Pepe, los agresores clamaron por colgarlo; “lazo, lazo”, coreaban). Inolvidable la ejemplar entereza de Pepe. Su actitud serena, optimista y confiada, infundía algún sosiego a quienes lo acompañábamos frente a lo que nos parecía un destino fatal. Por fortuna, la inquebrantable oposición de los campesinos y de sus familias impidió el temido desenlace funesto.

El grupo criminal cambio de táctica y decidió mantener secuestrado a todo el grupo hasta que, decían, acudiera personalmente el gobernador del estado de Hidalgo. Después de varias horas de cautiverio, un reducido grupo de campesinos eludió el cerco y consiguió dar aviso a las autoridades de la región y del partido. Finalmente, acudió un grupo de militares que, tras largas y complicadas negociaciones, convenció a las guardias blancas de que debían liberar a todo el grupo. Nos liberaron a primeras horas de la noche, pero el alejamiento de la zona no estuvo exento de sobresaltos. Los agresores habían ponchado las llantas y dañado la batería del vehículo de Pepe. No fue sino hasta bien entrada la noche que conseguimos llegar a Tuxpan. Imposible olvidar el temple de Pepe Álvarez Icaza en aquellas horas de angustia y miedo. Pepe fue un hombre de izquierda, valiente, de los que quedan pocos. Un ejemplo de bondad, optimismo y generosidad. El centenario de su nacimiento es, por eso, una ocasión para la memoria. Quienes tuvimos la fortuna de trabajar a su lado, lo recordamos con profunda gratitud; con afecto y admiración. Lo haremos siempre, y a esa memoria sumamos, por supuesto, la de la extraordinaria mujer que fuera su amorosa y leal pareja; su compañera de vida, Luz María Longoria.

 

¡Vivan ambos en el recuerdo de la historia de la izquierda mexicana!